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lunes, 31 de julio de 2017

Negociación y paz


Los actores políticos confrontados en Venezuela continúan afinando sus jugadas e iniciativas; cada día, cada amanecer hay alguna actividad que busca colocar al contrario en condiciones desventajosas frente a la opinión pública.
Quien parece tener un repertorio mayor son los sectores que respaldan a la unidad democrática; sus jugadas son variadas y cuenta con pueblo para adelantarlas, cosa que no sucede con el gobierno que solo dispone de la represión de los efectivos militares y de un grupo de paramilitares vinculados a diversas fechorías.
El 16 de julio ambos creyeron haber jugado una pieza importante: el gobierno apostó por un simulacro con unas cuantas máquinas de votación y en “poquiticos” puntos. La frialdad y la soledad que acompaño al régimen fue notablemente angustiosa para Maduro y su comisión electoral.
Muy distinta, como se diría en términos taurinos, fue la faena bordada por la MUD. Los asistentes se contaron por millones, aquí y allende las fronteras, propinándole al gobierno una trompada de inmenso calibre.
Ambos jugaron: el gobierno con su comisión electoral y la MUD con el pueblo. Ganó la MUD y el pueblo, sin embargo, severas deficiencias observan uno y otro. La comprensión lectora-política de quienes han elevado el tono de la disputa política a tan altos decibeles deja mucho que desear.
La oposición que logró una extraordinaria jornada movilizando sobre los 7.5 millones ciudadanos, lee erradamente el resultado y, además de permitir que la anarquía se apodere de las calles, no ilumina a su adversario respecto a una salida a su dificultad: hasta en las guerras se ofrecen facilidades para la rendición del enemigo.
La ciudadanía acudió masivamente a la Consulta Popular para dejar muy clara su postura democrática, pacifica y disposición civilista para encarar las dificultades del presente. No acudió a expresar su voluntad para que al día siguiente unos cuantos atormentados, ungidos por la gracia de algún espanto delirante, disfrazados de soldados medievales y en competencia, en cuanto a colorido, con las guacamayas que surcan los cielos de Caracas, obstaculizaran la libertad de movilización de buena parte de la colectividad.
Nadie fue a expresar su voluntad para que al día siguiente se sumará un fallecido más a la indeseable cuenta que diariamente se anuncia, nadie extendió el permiso de sonar la trompeta de la guerra. Una gesta como la del 16 de julio merecía que el liderazgo político interpretará rápida y adecuadamente el sentir y la aspiración de la sociedad.
Ni uno, ni otro han dado una lectura acertada de lo ocurrido. El gobierno, cree que con mera propaganda puede suplir la realidad, se alimenta desde Orwell y 1984 para borrar la historia. La oposición sigue atragantada del éxito y se observa tímida a la hora de tener que encarar discursivamente a su adversario.
Las posturas dubitativas nos conducirán por caminos espinosos cuyo destino será incierto. Insistir en la pólvora y aumentar el número de victimas colocan en un nivel muy alto la posibilidad de la justicia transicional.
A ambos, gobierno y oposición, les interesa una salida negociada, y hacia allá deben estar dirigidas todas las energías. Sucumbir a las posturas extremas, que las hay de lado y lado, es someter a todo el país a condiciones de vida inaceptables.
El liderazgo político opositor ha presentado una hoja de ruta que han suscrito las organizaciones más relevantes e importantes de la MUD para avanzar hacia un gobierno de Unidad Nacional. Un paso importante, pero resta terminar de digerir los resultados del 16 de julio y negociar políticamente aquellos asuntos que posibilitarán la búsqueda de la paz y la concordia entre los venezolanos.