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lunes, 31 de julio de 2017

¿Y ahora qué, señor Maduro & Cia?


Admítalo señor Maduro & Cia, su “simulacro”, fue exactamente lo que la palabra define: una mentira, una farsa, una imitación de una acción legal y constitucional, y fue definitivamente en la realidad, a pesar del miedo y de sus amenazas perversas y viles contra los trabajadores del sector público, un fracaso en términos de propia voluntad, dimensionado por la masiva concurrencia al plebiscito convocado por la Asamblea Nacional, pero asumido como propio por el pueblo, como lo demostró Caricuao, Catia y La Candelaria, por no mencionar al estado Bolívar. Venezuela le envió a usted, perdone el usteteo, pero es que no lo conozco de vista y trato, sino por sus malas acciones, una contundente advertencia refrendada por siete millones ciento ochenta y seis mil ciento setenta venezolanos, mayores de edad y libérrimos, mínima diferencia con la cifra con la cual fue usted electo, que expusieron su vida para acudir a votar, como le costó a Xiomara Escot en Catia. Esta será, señor, y eso espero por el bien definitivo de esta patria, la última batalla por la independencia política, que libraremos, pues ya llevamos demasiadas, cada vez que a un loqueto destartalado, de cerebro descangallado, le da por ser revolucionario, nos vemos obligados a liberar una nueva guerra de independencia para desalojarlo del lecho de plumas y billetes en el que convierten el poder, para solaz de percudidos familiares y sufrimiento para el pueblo, incluyendo, en la batalla que nos ocupa hoy, al que lo encumbró a usted y descendencia, propia y alquilada. Ojalá y este pueblo de duras entendederas, impermeable a las lecciones de la historia, deseche de una vez y para siempre su alelamiento feminoide por los machos cabríos y sus revoluciones, especie de antiguallas sobrevivientes de la era de las cavernas, que se niegan a desaparecer en algunas pobrezas telúricas, más de mente que económicas. Desearía ser ferviente creyente para implorar a algún poderoso ser sobrenatural, habitante del vacío, porque parece que no es posible lograrlo por el convencimiento natural, que de nuestras universidades salga una nueva generación de venezolanos evolucionarios  – asumo el término políticamente necesario – comprometidos con la evolución del pueblo, a través de su desarrollo individual, por el trabajo, el estudio y la responsabilidad, para que al fin podamos ser una nación libre y soberana, más por la inteligencia y creatividad de su gente que por sus riquezas minerales, cuyo interés común sea la preservación de la patria como espacio geográfico para el esplendor de la libre expresión del pensamiento, al vencer el más formidable enemigo de nuestro desarrollo, desde los albores de la conquista y colonización: La ignorancia, por la cual se nos ha sometido más que por la fuerza. Un país, cuya juventud no esté obligada o destinada a morir por la patria, como ha sido secularmente, sino conformado por una nación empoderada, con un propósito común y un ideal nacional, en el cual cada individuo, por su esfuerzo y responsabilidad, tenga su modo de tener algo, para sí y para los suyos, sin necesidad de plañideras súplicas al estado, como concierne a la hombría y hembría verdaderas.
Un día para los fastos patrios
Este 16 de junio de 2017, que será fecha histórica para nuestros fastos patrios, pero, por favor, no la declaren no laborable, demostramos nuestro amor por la paz y la libertad, cuya evidencia fue el coraje para despreciar las amenazas grotescas del régimen y de sus aterrorizados culpables, cuyas apariciones en televisión, silbando para espantar la verdad que revoloteaba en sus narices, parecían pésames de velorio de caserío. Con este ejemplo de civismo decimos al mundo que la guerra la quiere Maduro & Cia, que mientras él amenaza con tomar fusiles y lanza sus terroristas contra el pueblo para que su consorcio siga medrando del poder, nosotros, el pueblo de Venezuela, demostrando madurez y civilidad, apelamos al voto. A la paz con dignidad, no a la temerosa aquiescencia con el poder. A la consulta popular constitucional y vinculante. Sin necesidad de militares ni colectivos, bajo la protección y mandato del artículo 5 de la Constitución, violado por usted, señor Maduro & Cia, que establece que la soberanía reside en el pueblo, de manera espontánea, sin necesidad de la propaganda que sus alcahuetas y cómplices de la ilegitimidad, se encargaron de impedir, decidimos rechazar su torpe propuesta de eliminar la República que en lucha desigual y heroica impusimos al imperio español, para entregarla como provincia al imperio ideológico cubano.
¿Y ahora qué señor Maduro?
La pregunta que se hace el planeta, luego del rotundo fracaso de su simulacro del simulacro, es qué va a hacer usted ahora, con esos millones de votos en contra en sus manos. ¿Seguirá usted caminando hacia el abismo de la “sustituyente o guerra” anunciada por usted y sus socios de tropelías? ¿Viajará a Cuba pedir instrucciones a Raúl Castro, quien está contra la pared por la Unión europea y el decidido Donald  Trump?  Aunque sé que es un deseo preñado de ingenuidad, me gustaría que de repente, por uno de esos actos inesperados de súbita inspiración, asuma usted el rol de estadista y actúe en beneficio de esa patria a la que tanto gusta paladear, prescindiendo del sectarismo salvaje que, prostituidos ya los ideales iniciales, es lo único que amalgama los restos lamentables de la revolución por decreto que ha corroído a Venezuela entera por la destrucción de la moral pública.
En resumen
Tres cosas quedaron aplastantemente claras este domingo, si sumamos a la alta votación física, la virtual, la agazapada,  que no pudo manifestarse por la coacción, el miedo y el soborno pero que está esperando en la bajadita, que Venezuela rechaza la constituyente inconstitucional de Maduro, que la Fuerza Armada debe recobrar su sindéresis institucional para recuperar el prestigio que la distinguía como defensa de primera línea de la democracia y que el gobierno tiene que aceptar dirimir el conflicto político mediante elecciones generales anticipadas, aunque no lo establezca la Constitución, pero el pueblo lo demanda como depositario de la soberanía. Desgraciadamente Maduro & Cia está obsesionado con su sustituyente, que, según su patrón mental, es la panacea para todos los sufrimientos de la población y todos los conflictos políticos, incluyendo la ruptura del orden constitucional y el golpe de estado del TSJ contra la Asamblea nacional, y hasta la salvación de su alma, y sobre todo, traerá la paz… de los sepulcros al país, por lo que dudo que se detenga en su pretensión de tener una Constitución a la medida de los deseos de Raúl Castro, que ante la cercanía de la muerte pretende dejarle al zángano pueblo cubano una fuente de ingresos que permita presentar su socialismo ante el mundo como un experimento exitoso,  aunque a Venezuela que se la lleve el diablo. Sin embargo…