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sábado, 30 de septiembre de 2017

Hacer la voluntad de Dios (Mt.21, 28-32)




Pbro. Lic. Joel de J. Núñez F. | @padrejoel95 /  

El evangelio de este domingo nos presenta la “parábola de los dos hijos” que Jesús dirige a los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo y les echa en cara su incoherencia, su doble vida, su hipocresía, que es peor que la vida de las prostitutas y pecadores del tiempo de Jesús; que ante sus palabras si se arrepintieron y convirtieron su conducta a Dios. Pero veamos por parte lo que dice la parábola que recoge el evangelio de Mateo. Los personajes en escena son un papá y dos hijos; a uno de estos hijos el papá le pidió que fuera a la viña a trabajar, éste dijo que no y luego se arrepintió y fue. (éste hijo representa a las prostitutas y pecadores públicos del tiempo de Jesús que con la predicación de Juan el Bautista y luego con las enseñanzas de Jesús, se arrepienten de su mala vida y cambian de conducta), al segundo hijo, el papá le pide que también vaya a la viña; éste le dice que irá, pero al final no fue (éste hijo representa a los sumos sacerdotes y jefes religiosos del tiempo de Jesús que se conformaban con un ritualismo, con ofrecer el culto a Dios, pero su vida y su conducta estaba lejos de la Palabra de Dios, porque no vivían lo fundamental que está en la Escritura que es vivir en el amor; por eso al final de la parábola Jesús les hace una pregunta: “¿cuál de los dos (hijos) hizo la voluntad del padre?” y ellos haciendo gala de sus conocimientos, como buenos intérpretes de parábolas y de las Sagradas Escrituras responden que el primer hijo hizo la voluntad de su papá. Por eso, Jesús les reprocha y les dice en su cara que ellos son como el segundo hermano, que quiso aparentar obediencia, pero fue desobediente, quiso aparentar fidelidad y amor al padre, pero al final su conducta no se adecuó a lo que dijeron sus palabras ni al querer del papá. Ellos a pesar que fueron testigos que con la predicación de Juan muchos se convirtieron y ahora viendo con sus propios ojos como la multitud sigue a Jesús, son testigos de sus sabias palabras, de sus milagros; sin embargo, no creen y andaban buscando ocasión de condenar a Jesús como blasfemo). Los jefes religiosos se mostrarían escandalizados ante las palabras de Cristo de que “los publicanos y prostitutas llegarán primero que ellos al Reino de Dios”, porque ellos sostenían de la Escritura, afirmaban que sólo para ellos eran las promesas de salvación del Antiguo Testamento y las prostitutas, publicanos, pecadores, nunca alcanzarían la vida eterna; lo que no eran capaces de entender es como estas personas llegaron a ese estado y se les debía brindar una oportunidad y tenían derecho a escuchar y recibir la Palabra de Dios; derecho a cambiar de vida y recomenzar su camino. A los sumos sacerdotes y jefes religiosos se le aplican aquellas palabras de Cristo: “No todo el que me dice Señor, Señor, entrará en el Reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre Dios” y también aquellas otras: “Misericordia quiero y no sacrificios”.
El mensaje del evangelio es claro para nosotros y a la vez exigente. Lo que nos pide Jesús es que hagamos la voluntad del Padre y ¿cuál es la voluntad del Padre? Que creamos y vivamos en el amor. Creamos en Dios Padre y en su enviado Jesucristo. Que vivamos lo que Él predicó y por lo cual entregó su propia vida; por el amor. Creyendo en Dios, en Cristo y viviendo en el amor es que podremos alcanzar la vida eterna. Ante Dios cuentan más los hechos que las palabras, las obras de amor que las apariencias rituales. Él siempre da la oportunidad de arrepentirnos y es paciente frente a nuestros pecados. Dios aguarda, como padre amoroso, a que cumplamos su Palabra, porque más que beneficiarle a Él, nos ayuda a nosotros a alcanzar el cielo.
El cristiano debe vencer la tentación del orgullo, del creerse ya salvado, de querer ser más que los demás, de condenar al otro por pecador, de vivir un culto vacío, de asistir a la misa y no comprometerse con amor y por amor a transformar su entorno. En fin, debemos superar la tentación de los escribas y fariseos y aprender de Nuestro Señor, Jesucristo, Maestro del amor.

IDA Y RETORNO: Necesitamos orar y trabajar por Venezuela. Salir a votar en conciencia el próximo 15 de octubre. Es importante no ceder un derecho ni ser indiferentes a la realidad del país. El voto es ejercer un poder y es necesario hacerlo en conciencia por el bien de nuestra patria.