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sábado, 2 de septiembre de 2017

Jesús anuncia su pascua (Mt.16, 21-27)




Pbro. Lic. Joel de J. Núñez F. | @padrejoel95 /  


El evangelio de este domingo tiene tres partes: En la primera parte Jesús  anuncia a sus discípulos  su pasión, muerte y resurrección y la negativa de Pedro ante éste anuncio. En la segunda parte, Jesús manifiesta las condiciones para seguirle y la última parte, Jesús habla del retorno del Hijo del Hombre al final de los tiempos.
El domingo pasado veíamos como del diálogo de Jesús con sus apóstoles les deja la responsabilidad sobre su Iglesia, especialmente a Pedro, que se convertía en la cabeza visible de la comunidad de los creyentes. Pero hoy, ante el anuncio del padecimiento en la cruz sus apóstoles no logran entender; no comprenden como el Mesías esperado tendría que sufrir y caer en manos de sus enemigos. Ellos, como todos los judíos, esperaban la liberación del pueblo que se veía oprimido por la autoridad romana que ocupaba su tierra. Por eso su incomprensión ante tal anuncio y vuelve Pedro a tomar la palabra en nombre de todos, a exponer su parecer, lo que siente y le dice a Jesús que no se someta a tal sacrificio y la respuesta de Jesús es categórica: “Apártate de mí Satanás…”. Jesús rechaza la tentación y sabe que tiene que cumplir la voluntad de su Padre Dios que es el rescate de la humanidad. Jesús le hace entender a Pedro y los demás apóstoles que la esclavitud que sufren a causa de los romanos, no es tan fuerte como la esclavitud del corazón al pecado; es decir, al odio, la mentira, el desenfreno, las bajas pasiones, la indolencia… todo esto mata al hombre y le roba la vida eterna y por eso, Él tenía que pasar por el sacrificio de la cruz, para liberar de una vez para siempre al hombre postrado y sometido por el pecado. Por eso, agrega Jesús que quien quiera seguirle, quien quiera ser discípulo suyo tiene que tomar la cruz de cada día; es decir, aceptar las adversidades, los momentos difíciles, los problemas que nos llegan sin buscarlos o que son causa de nuestras infidelidades a Dios; aceptarla no como masoquista, sino como aquel que aprende de sus errores, que sabe reconocer que la vida humana tiene sus altos y bajos, pero que en medio de todo esto hay alguien que nos ha dado ejemplo, que nos concede su gracia si se la pedimos y nos da la fuerza para que yendo tras de Él, podamos superar los momentos amargos y alcanzar la felicidad.
El cristiano desde el bautismo es discípulo de Cristo y está asociado a la pasión, muerte y resurrección de Cristo; por eso está invitado a seguir a Cristo, a buscar fuerza y apoyo en Él, a no desmayar por muy duro y exigente que sea el camino, ya que tenemos a Aquel que nos sostiene y fortalece con la fuerza de su Espíritu Santo.
A nosotros nos sucede como a los apóstoles, como a Pedro; a nadie le gusta sufrir, nadie quiere problemas o dificultades, pero sería vivir en un mundo que en nada se parecería al que a diario nos toca vivir. Por eso, Jesús nos ofrece su gracia, nos propone seguirle para que en Él encontremos descanso, sosiego y paz. Una vez dijo Jesús: “Vengan a mí los que están cansados y agobiados y yo les daré descanso; porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera”. El cristiano, como Jesús, tiene que aprender que después del sufrimiento, de la noche oscura, llega la paz, la luz del día, la resurrección que hace que la vida se renueve, se transforme y todo esto es posible si vivimos junto a Jesús, si le seguimos con valentía y nos dejamos conducir por sus enseñanzas. El ser humano que necesariamente tendrá que sufrir, se le hace la carga más pesada cuando no tiene a Dios en su vida, cuando vive sin fe, sin horizonte. Por eso, también hoy Jesús nos recuerda que el sufrimiento no será para siempre, nuestra esperanza es la vida eterna, el gozo sin fin y esto lo adquiriremos al final de los tiempos, cuando Cristo vuelva para juzgar a vivos y a muertos.
Pidamos a Cristo que nos dé fortaleza en la batalla y que a pesar de las noches oscuras de nuestra existencia, nunca se apague la fe en nuestros corazones y contemplándole a Él podamos entender que nuestra meta es el cielo, donde no habrá llanto, dolor o lágrima; cielo que se comienza a vivir desde nuestro hoy, en la fe la esperanza y el amor.
IDA Y RETORNO: Un placer iniciar hoy este artículo de Evangelio del domingo en Veneanalítica. Muchas gracias por la invitación.  Muchas bendiciones para todos .
Me preguntan ¿por qué los cristianos católicos veneran la cruz si en ella murió Cristo? Respondo parafraseando a Pablo: la cruz es para los judíos escándalo, para los griegos necedad, pero para los cristianos sabiduría y fuerza de Dios. Los cristianos no vemos a la cruz en el sentido negativo del lugar que torturó a Cristo (instrumento de mal), sino que la vemos como el signo de la máxima expresión de amor de Dios por la humanidad. Tanto nos amó Dios que permitió que su Hijo muriera en la cruz por nosotros. Además, ese sacrificio de la cruz nos dio el rescate de nuestros pecados; por esto los católicos veneramos la cruz; ella preside nuestros altares e Iglesias, para recordar al creyente que fue esa entrega de amor la que nos dio la vida y nos devolvió la amistad con Dios y la posibilidad de alcanzar vida eterna. En fin, viendo una cruz recordamos al Crucificado que por amor nos redimió (1Cor.1, 23).