viernes, 27 de octubre de 2017

octubre 27, 2017


Paciano Padrón | @padronpaciano  

Tenemos la desgracia hoy de vivir en un país donde no hay Estado de Derecho, donde el gobernante actúa como le viene en gana, contrariando la Constitución y violando los derechos humanos como se le antoja. Esto constituye un acto de primitivismo, rechazado por la comunidad internacional. A pesar de estar en el Siglo XXI, vemos cómo subsisten regímenes totalitarios que, apartando las normas, actúan a capricho del gobernante. Es lo que ha padecido Cuba durante ya 60 años de barbarie castro-comunista, o es la tragedia de Zimbabwe con el maniático ya anciano Robert Mugabe a la cabeza del Estado, o lo que acontece en Corea del Norte, donde hemos visto la sucesión en el poder de abuelo a padre y a hijo, en un inusitado gobierno hereditario marxista, pero no al estilo de las monarquías democráticas modernas de Europa, como la de la Gran Bretaña, España o de los Países Bajos, sino a la usanza de la época medieval.
Eduardo Vetencourt, padre de familia, casado, con hijas y nietos, fue detenido por la Dirección General de Inteligencia Militar a finales del pasado mes de marzo, y encarcelado en Ramo Verde, primero, y luego tirado en una celda en Uribana. Como corresponde a un régimen totalitario, las acusaciones se hacen como le viene en gana a quien ordena la detención. A Eduardo lo acusaron de conspiración, incitación a la rebelión y traición a la patria, entre otras menudencias, sin prueba alguna, sin que haya razón, indicio o comprobación que permita sostener tan graves acusaciones.
La salud de Eduardo está gravemente afectada. A pesar de ser un hombre relativamente joven, de 64 años, ha rebajado 30 kilos en los últimos seis meses y tiene un estado de salud precario sin atención médica, sufre de diabetes avanzada y le falta un riñón. El Estado viola su obligación constitucional de responder por la alimentación, salud y vida de las personas privadas de libertad.
Eduardo es miembro de la directiva de Copei en el Municipio El Hatillo, que es mi municipio desde hace ya exactamente 40 años. Este administrador de profesión es, también, Secretario Político del Consejo Nacional Asesor de Copei.
No solamente su partido socialcristiano, sino también la organización Demócrata Cristiana de América, ha levantado la voz, pidiendo al menos una explicación de por qué se le detiene, se le priva de libertad y se le trata de manera inhumana, violatoria de sus derechos fundamentales. El Observatorio Penal Venezolano, que ha intercedido por él como por tantas otras víctimas de las cuales se ha hecho abogado y defensor, llevó su caso a la OEA y a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, pero nada mueve al insensible y brutal régimen que no pareciera inmutarse ante los reclamos, las protestas y las exigencias que se le hacen.
A su esposa, hijas y nieto nuestra palabra de solidaridad; a su partido Copei nuestra voz de aliento y la invitación sostenida a la lucha por la libertad de Eduardo y de tantas otras víctimas de violación de sus derechos.
Eduardo Vetencourt nos da una bandera adicional para la lucha, para el combate contra este decadente régimen que ya entra en su fase terminal. Ahora más que nunca de frente, unidos contra este narco-régimen. El tiempo es de unidad y de lucha frontal y coordinada.