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sábado, 7 de octubre de 2017

“Los viñadores homicidas” (Mt.21, 33-43)




Pbro. Lic. Joel de J. Núñez F. | @padrejoel95 /  

El evangelio de este domingo nos ubica de nuevo en el contexto del diálogo de Jesús en el Templo de Jerusalén con los jefes religiosos de Israel que le habían preguntado ¿con qué autoridad enseñaba? Y tanto el domingo pasado, con la parábola de los dos hijos y hoy con la parábola de los viñadores homicidas les echa en cara su hipocresía, su incoherencia de vida, su incapacidad para ver y reconocer los signos mesiánicos presentes delante de sus ojos, la soberbia de creerse ya salvados y dueños del mensaje de la salvación. Por esto, la parábola de hoy tiene como mensaje central el traspaso del Reino a otro pueblo y específicamente a la Iglesia que es el nuevo Pueblo de Dios y de la cual Cristo es fundador y piedra angular. Un Pueblo llamado a esparcir la semilla del evangelio, de la Buena Noticia de salvación a todos los pueblos de la tierra y a dar frutos de santidad y buenas obras. Los personajes de la parábola son el Dueño de la Viña, los labradores, los mensajeros y el Hijo del Dueño. Llegó el tiempo de la vendimia y el dueño de la viña manda mensajeros para recibir lo frutos que le corresponden y se encuentra con la negativa de los viñadores que se adueñaron de la viña y fueron capaces de maltratar, golpear, apedrear y hasta matar a los mensajeros y al hijo del dueño. Si describimos a los personajes de la parábola, queda así: El Dueño de la Viña representa a Dios Padre, los viñadores son los jefes religiosos del pueblo de Israel, los mensajeros son los antiguos profetas, incluyendo al último y precursor del Señor, Juan El Bautista, al que Jesús mencionó explícitamente en la parábola de los dos hijos y el hijo del dueño representa a Jesús, entregado en manos de los jefes religiosos de Israel. La vendimia, el castigo de los viñadores asesinos y la entrega de la Viña a otros labradores representa la llegada del Reino de Dios, la admisión de los pueblos paganos al Nuevo Pueblo de Israel y la promesa del retorno de Dios que traerá consigo la justicia y la paz.
Con la parábola, aparte de lo ya expresado, Jesús anuncia su muerte, lo que luego dirá abiertamente a sus discípulos: “El Hijo del Hombre será entregado en manos de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, será matado y resucitará al tercer día” (los tres anuncios de su pasión que recoge de manera especial San Marcos). También proclama su divinidad, porque les hacer ver a los fariseos y saduceos que Él es el Hijo de Dios, enviado por el Padre, al que ellos acosan y le quieren dar muerte.
La Iglesia es ese nuevo Pueblo de Dios, que le toca dar frutos, en cuño seno se encuentran sobre todo los pobres y marginados, aquellos que eran excluidos por la cultura judía (como sucede en las grandes ciudades de hoy, en el mundo de la técnica, que trae progreso, pero también miseria, hambre y donde algunos, por distintas circunstancias, entre ellas las injusticias se quedan al margen de la sociedad) y específicamente por los jefes religiosos de Israel que sentenciaban que los paganos, los pobres, los pecadores públicos estaban fuera de las promesas de salvación. Por eso, llega a decir Jesús: “Yo no he venido para los sanos, sino para los enfermos, no he venido para los justos, sino para los pecadores”. No es que Jesús aplaudiera y ensalzara sus pecados y debilidades, sino que les brindó la oportunidad de cambiar, como lo sigue haciendo hoy con nosotros que somos, por el bautismo, miembros vivos de su pueblo, necesitados de su perdón y misericordia, porque a diario fallamos; invitados a vivir en la caridad que es el núcleo del mensaje cristiano; caridad dentro de la Iglesia, donde encontramos a hermanos pobres, desvalidos, olvidados, caridad hacia fuera de la Iglesia, teniendo la conciencia de luchar por una sociedad más humana, justa, solidaria, fraterna, empezando por transformar mi propio entorno, mi familia, mi lugar de estudio o trabajo; más que con las palabras con el testimonio de vida; no como los escribas o fariseos que ofrecían un discurso y un ritual vacío; sino como Cristo, cuya expresión máxima de su amor por la humanidad fue la entrega en la cruz. 


IDA Y RETORNO: El próximo domingo es necesario e importante salir a votar. Nuestros obispos venezolanos nos exhortan a votar con conciencia y hacerlo por el bien de nuestro país que tanto sufre y está sumergido en una grave crisis generalizada. El voto es una cuota de poder en nuestras manos que no lo podemos perder ni dejar que otros lo manipulen. Oremos y salgamos a votar por el bien de Venezuela.