martes, 7 de noviembre de 2017

noviembre 07, 2017



Paciano Padrón | @padronpaciano  

Nada aporto de nuevo al decir que el pueblo venezolano, en un 80 %, quiere cambio, está molesto y cansado del régimen al que considera inefectivo, autoritario y corrupto. Ahora bien, ¿por qué se muestra pasivo el venezolano ante tanta ineficacia e ineficiencia, ante tantas arbitrariedades? Luego de ya casi 19 años de régimen progresivamente castro-comunista y crecientemente narco-terrorista, el país está arruinado, endeudado y empobrecido en todos los terrenos, lucimos sin aliento. Todo eso es expresamente buscado por el régimen, nos arruina, nos somete y trata de matarnos la esperanza con sus arbitrariedades que parecieran no tener límite, esa es la garantía de su permanencia. Necesitamos una chispa que encienda la mecha de la rebeldía popular que la Constitución nos consagra para restablecer su imperio y la democracia.
Los partidos políticos y la sociedad civil organizada son los llamados a producir la chispa, a generar las políticas y acciones, debidamente concertadas, para luchar y vencer a este régimen que, como ya hemos dicho, en su concepción comunista-castrista quiere someternos por hambre, manteniéndonos ocupados en la actividad primaria, en la búsqueda de alimentos y medicinas, mientras a punta de arbitrariedades y violación de derechos pretenden someternos.
Créame lo que voy a decir, amigo lector, este gobierno está en etapa terminal desde hace tiempo ya, y si no se produce el cambio todavía, es porque este es un final culebrero que concluirá en muerte súbita. Maduro y su cohorte -obligados por los factores internacionales que los presionan y dirigen- se han colocado ellos mismos en la cárcel o en la fuga. Al producirse el cambio, las principales figuras de la opresión, delincuentes de la talla de Maduro, Cabello, El Aissami, Jorge Rodríguez, Héctor Rodríguez, Elías Jaua, Delcy Eloína y Aristóbulo serán indefectiblemente juzgados, y sus abultados patrimonios confiscados. Ellos solo tendrán dos alternativas, perder la libertad o huir buscando qué país se atreve a darles asilo. Les aseguro que muy pocos, no crean que Cuba sería un abrigo fácil, porque una vez caídos, huelen fo, y el régimen castrista no tendrá interés de tener esos delincuentes, porque intentará seguir medrando en el escenario internacional.
Los partidos y la sociedad civil han tenido éxitos importantes en estos años de lucha, también sonoros fracasos. En los éxitos está el triunfo electoral del 6 de diciembre de 2015, cuando a pesar de todos los robos electorales todavía nos quedó mayoría calificada de dos terceras partes de diputados, o el del 16 de julio, cuando casi ocho millones de venezolanos, en medio de amenazas y coacciones, logramos pronunciarnos ante el mundo, rechazar y desconocer las elecciones que dos semanas luego escenificarían para crear una chimba asamblea nacional constituyente, con la que no solo intentan neutralizar a la Asamblea Nacional, sino dar soporte a todos los abusos del régimen, partiendo de la mentira de que esa mamarrachada llamada anc encierra el poder originario del pueblo.
No descubro un secreto al afirmar que la Mesa de la Unidad, así como los partidos y la sociedad civil que la integran, atraviesan un momento de crisis y falta de liderazgo. Partidos y sociedad civil están históricamente obligados a asumir su responsabilidad, tanto en la Asamblea Nacional como en la calle, tienen hoy que organizarse lo más pronto posible para accionar la chispa que encienda los motores de cambio.
Es hora de exigir a la Asamblea Nacional rinda cuenta de la implementación del mandado que el pueblo le dio el pasado 16 de julio, cuando además de rechazar, como en efecto rechazamos, la bufonada de la anc, ordenamos renovar los poderes públicos, realizar elecciones libres y conformar un gobierno de unidad nacional para restituir el orden constitucional. La Asamblea Nacional debe responderle al pueblo sobre lo que ha hecho, está haciendo y hará para hacer bueno el mandato popular del pasado 16 de julio.
Necesitamos una chispa y lo que viene es un candelero. Renace la unidad, y la acción bien dirigida viene con fuerza arrolladora. Renace la esperanza.