sábado, 4 de noviembre de 2017

noviembre 04, 2017



Pbro. Lic. Joel de J. Núñez F. | @padrejoel95 /  



El texto del evangelio que se lee y medita en este domingo nos presenta a Jesús instruyendo a sus apóstoles, discípulos y a la gente que le seguía. Les advierte que no lleven una vida incoherente, falsa e hipócrita que tienen los fariseos, sino que los invita a cumplir y vivir realmente la Palabra de Dios, y principalmente el mandamiento del amor.
Jesús condena que los fariseos querían imponer un conjunto de prohibiciones a la gente, pero ellos eran incapaces de cumplir o buscaban la forma de justificar sus actuaciones. Vivían una religión de la apariencia, del ritualismo y legalismo, condenaban a los demás como impuros, se creían los más conocedores de la Palabra de Dios (La Torá o Antiguo Testamento para el momento), se llamaban maestros y doctores de la Ley, le gustaba engalanarse con sus conocimientos y trajes, pero al final eran incoherentes y no vivían lo que predicaban. Esta sigue siendo una tentación hoy para cualquier cristiano o líder cristiano, para un discípulo-misionero, el hablar y no vivir, el predicar, pero no llevarlo a la vida.
La segunda parte del evangelio nos habla del cómo Jesús pide a sus seguidores que no se dejen llamar maestros ni padres; y por supuesto, en este aspecto no hay que tomarlo literalmente o de forma fanática o irracional; ya que en ese tiempo, como ahora es común que a alguien le digamos maestro o papá; lo que quiere decir Jesús es que no desplacemos de nuestra vida a quien es y debe ser el Maestro y Padre por excelencia que es Dios; los fariseos habían usurpado el puesto de Dios y se predicaban a ellos mismos y se creían más que los demás y dueños de las verdades reveladas y no administradores.
IDA Y RETORNO: Dios está con nosotros, su amor es fiel
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