miércoles, 22 de noviembre de 2017

noviembre 22, 2017



Miguel Aponte  @DoublePlusUT /  


Los que gobiernan en Venezuela no son ciudadanos; solo así puede entenderse que gobiernen solamente en su propio interés. Hicieron una constitución para violarla en todos los casos importantes y el resultado es que a diario se ilegitiman por más que permanezcan en el poder, que no es lo mismo. No son legítimos por no tener en cuenta el interés general. Repartir miserables bolsas de comida a una población pobre cada vez mayor no es el interés general. Estos comunistas destruyeron la democracia a partir de una crítica burda del capitalismo, para llegar ahora ellos a conformarse en una vulgar oligarquía mucho peor que el peor capitalismo.
Con el argumento grosero y mentiroso de luchar por los pobres quieren condenar a todo el país para siempre a ser pobre. Son pésimos administradores y además corruptos, por lo que la pobreza derivada es superior. Se sabotean permanentemente. No hay cómo defender nada de su gestión; y es que se termina muy mal cuando quien juzga es el que reparte y juega, además, solo. ¿Por qué no lo ven? Así no hay forma de no fracasar. Es la desgracia de estos regímenes. Creen que son el derecho absoluto, mientras son solamente la peor parte. Secuestran todo el poder, pero pierden de vista la justicia.
La superioridad mal habida en todo y sin justicia opera contra ellos mismos trágicamente. No comprenden que la política no consiste en manipular la riqueza para que sea mejor repartida, algo que de todas formas no sabrían hacer. Lo que en verdad quieren ignorar es que la comunidad política, tiene por fin no solamente la existencia económica y material de toda la sociedad, sino su permanencia; y esta sostenibilidad, sin virtud, es imposible; por eso, un buen gobernante está obligado a distinguir entre virtud y corrupción. La clave está en que no se puede construir un Estado si para hacer justicia se justifica la injusticia. El poder no habilita, señores, es, al contrario.


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