sábado, 18 de noviembre de 2017

noviembre 18, 2017




Richard Casanova | @RichCasanova /  

Hasta las elecciones parlamentarias del 2015 hubo abusos y arbitrariedades pero el régimen no se atrevía a cruzar la "raya amarilla". Hoy la dictadura ha asumido su condición autocrática sin pudor y pretende liquidar la democracia. El país jamás debe renunciar a la ruta democrática, ni al voto como instrumento de cambio. Ahora, negarse a participar en un proceso viciado en extremo puede ser un enérgico acto de protesta ante el mundo que propicie mejores condiciones electorales para producir muy pronto un cambio en Venezuela. Sin embargo, la política no es en blanco y negro, tiene sus matices.   Sin dudas, no participar es un acto de irreverencia ante la dictadura, una postura moralizante y una decisión absolutamente coherente pero ¿Acaso es irracional participar en municipios abrumadoramente opositores? Obviamente, no.  Al contrario, es lógico que en ciudades como Chacao, Lechería o El Tigre -por mencionar algunas- surjan movimientos vecinales en defensa de la ciudad. Lo que confirma que la política -como ejercicio de ciudadanía- es relativa, debe estar sólidamente sustentada en principios pero también debe siempre estar referida al contexto y condicionada a la realidad.
Así las cosas, cuando Juan Pablo Guanipa coloca el interés de Venezuela por encima de sus legítimas aspiraciones personales, le dice al país que la lucha no es por un cargo sino por un cambio. Su postura demuestra que existe un liderazgo inquebrantable, que ni se compran, ni se vende.  Exactamente lo mismo que ha demostrado gente como José Brito, quien a riesgo de su propia vida ha enfrentado permanentemente a la dictadura mientras otros solo aparecen en campaña. En una protesta ante la Defensoría del Pueblo, las fuerzas represivas le fracturaron las costillas mientras otros -que ahora aparecen- se escondían bajo la cama.  Los mismos que hacían silencio y hasta hicieron migas con alcaldes o gobernadores chavistas, mientras la voz clara del “diputado del sur” retumbaba en el parlamento. En otra de las muchas protestas de calle, le dispararon en una pierna. Sin embargo, nada ha logrado detener su lucha. Entonces ¿Cómo cuestionarle a José Brito que hoy haya decidido participar en las elecciones municipales, liderando un movimiento ciudadano en rescate de El Tigre? Más bien es admirable que -aun en muletas- siga recorriendo las calles de la ciudad con su actitud combativa de siempre. 
No hay dilema entre las posturas de Juan Pablo Guanipa y José Brito pues ambos son víctimas de la represión del régimen y protagonizan historias de coraje que se encuentran en el camino.  Y no son ejemplos aislados, hago esta referencia a propósito de la gira de este servidor por el sur de Anzoátegui, donde acompañe a José Brito y a Cheo Nassar en El Tigrito; pero francamente en muchos municipios hay gente valiente que se empina por encima de las circunstancias. Hay razones para ser optimistas, este es el país de Henrique Capriles, mil veces hostigado por la dictadura y cobardemente inhabilitado; de Leopoldo López, preso político del régimen; de Julio Borges tantas veces golpeado salvajemente; de Freddy Guevara, de Andrés Velásquez y de miles de venezolanos que no doblan las rodillas y mantienen la frente en alto.  Este es un país de valientes donde las historias de coraje se cruzan... ¡Venezuela no se rinde!