martes, 7 de noviembre de 2017

noviembre 07, 2017



Richard Casanova | @RichCasanova /  

La semana pasada analizamos la realidad actual y dejamos claro que nuestra lucha no es por unos cargos sino por un cambio. Urge un liderazgo que demuestre su compromiso al país y sea capaz de empinarse por encima de intereses personales o partidistas, por muy legítimos que sean.  La gente evalúa en silencio.  Lo cierto es que el gobierno pretende destruir definitivamente al voto como herramienta democrática y nosotros estamos obligados a restablecer las condiciones electorales para cambiar al régimen en unas elecciones presidenciales el próximo año, ese debe ser el único y verdadero objetivo, debe ser el punto de encuentro de la oposición democrática. Quien tenga otro objetivo, que se vaya a las montañas o se inscriba en el PSUV. Para construir una ruta en esta nueva realidad debemos valorar -entre otras muchas cosas- lo siguiente:

1) La unidad no depende de un grupo, ni debe responder a coyuntura alguna. Y las elecciones municipales es una de ellas, su resultado no cambiará la realidad: la oposición seguirá siendo mayoría aunque no se exprese y el gobierno una minoría corrupta, fracasada y sin futuro. De manera que la unidad debe sustentarse en un plan con visión estratégica que se traduzca en una ruta compartida por todos, más allá de las diferencias. Lograr eso exige responsabilidad y madurez política. 2)  El respaldo internacional debe tener una expresión concreta, trascender de la retórica diplomática.  No hablamos de una invasión gringa, ni de ninguna de las pendejadas que cacarea la dictadura. Nos referimos a activar mecanismos establecidos en la ONU y desplegar acciones multilaterales de orden institucional, contundentes y efectivas, orientadas a forzar al gobierno a unas elecciones libres con observación internacional, realizadas en estricto apego a lo que establecen las leyes vigentes y la Constitución. Es claro que voluntariamente la dictadura no restablecerá las condiciones electorales, ya ha demostrado que prefiere la total destrucción del país.  3) La lucha política debe tener lo social como componente fundamental. El régimen es incapaz de superar la inmensa crisis, todo lo contrario: la tendencia es aterradora, el fantasma del default aparece mientras el hambre recorre las calles, la escasez y la inflación tienen al país en el hueso. Así las cosas, hay que exigir condiciones electorales pero es indispensable acompañar al pueblo en su angustia, darle mayor contenido social a nuestras luchas.  4) El régimen es inescrupuloso; miente, manipula y utiliza al Estado como arma es esta guerra sicológica contra el pueblo.  También tenemos un país susceptible al populismo, dispuesto a votar por quien lo oprime, tentado por las prebendas cuando la esperanza se quiebra.  Frente a esta realidad, hay que tener una estrategia comunicacional renovada, un mensaje claro, honesto y moralizante.  5) Todos tenemos que aportar, es hora de reivindicar el rol político del ciudadano y a la política misma. La anti-política nos trajo hasta aquí, el discurso contra "los políticos" es el aliento del militarismo y de todas las dictaduras. Los opositores que soñaban con destruir a la MUD, deberían constatar cuán inútil -incluso pernicioso- era su objetivo.  Es hora de la sensatez. Ante la guerra sicológica del gobierno, debemos derrotar al pesimismo, recordar a cada instante que somos mayoría y tener confianza en nuestras propias capacidades como país. ¡Venezuela no se rinde!