sábado, 23 de diciembre de 2017

diciembre 23, 2017


Pbro. Lic. Joel de J. Núñez F. | @padrejoel95 /  



Estamos a horas de celebrar la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo y sumergidos en estos días que nos preparan a celebrar el nacimiento del Señor, se nos presenta la figura y el modelo de la Santísima Virgen María a la cual Dios Padre elige y llama para ser la Madre del Mesías-Salvador y la cual responde con fe y afirmativamente a la misión que el Padre eterno le estaba pidiendo. Así María, al aceptar el mensaje divino que le fue revelado por el Ángel Gabriel, se convierte en la Madre de Jesús y, por tanto, en la Madre de Dios, porque su Hijo Jesús es el Enmanuel, el Dios con nosotros, Dios y Hombre verdadero, el Hijo eterno del Padre que ha venido al mundo para liberarnos del pecado y de la muerte eterna.
María respondió positivamente al proyecto de Dios y así abrazó la voluntad del Padre y se consagró totalmente a la persona y la tarea de su Hijo, sirviendo como Madre y discípula al misterio de la redención que Jesús vino a ejercer en medio de los hombres, sus hermanos.
María no fue un instrumento pasivo en el proyecto de Dios, sino que con su sí de fe y obediencia a Dios, cooperó a la salvación de los hombres y nos regaló el fruto bendito de su vientre. Ella, por tanto, es modelo de fe y de respuesta al llamado de Dios que viene a nuestra vida y nos interpela con su presencia y nos invita a tomar postura y optar por lo noble y santo, como lo hice María. Ella es la esclava del Señor que con amor, sencillez, fidelidad, pureza, constancia, valentía, esperanza y bondad acepta el plan de Dios en su vida y para beneficio de todos los hombres de todos los tiempos. María persevera y mantiene el sí dado a Dios y se mantendrá fiel a pesar de las dificultades que irá encontrando en su camino de fe y amistad con Dios.
María es modelo de lo que Dios puede hacer en la vida de una persona, cuando se abre al proyecto de Dios o responde con alegría al llamado que Él le hace. Ella nos enseña que en la vida del cristiano lo importante no es hablar mucho, sino actuar y cumplir lo que Dios nos pide en beneficio propio y de los demás.
María es modelo de servicio y figura de la Iglesia que sale, en nombre de Cristo, al encuentro de los más débiles y necesitados y lleva la alegría del Evangelio a todos los hombres para que sean alcanzados por la luz eterna de Aquel que ha venido de lo alto y ha puesto su morada en medio de nosotros, a partir del “sí” valiente de la joven virgen de Nazaret que consagra todo su ser al servicio del Reino de Dios.
María es Madre de Dios y Madre nuestra y Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo ha entrado en relación con ella y por su sí generoso ha llegado a nosotros la salvación que porta su Hijo Jesús. Si queremos aprender de Cristo, conocerlo, amarlo y seguirlo con radicalidad, tenemos que ver e imitar el ejemplo de la Virgen María que supo responder siempre y constantemente al plan de Dios sobre su vida y sobre toda la humanidad.
Amemos a la Virgen María como la misma Trinidad Santa la ha amado y nos ha enseñado a hacerlo y aceptémosla como esa Madre amorosa y buena que en el momento culminante de su misión, Jesús nos la dejó como Madre, testigo y modelo de fe. Aprendamos de Ella a responder con fe, perseverancia y alegría a lo que Dios nos pide y espera de nosotros; salgamos al encuentro de los hermanos y llevémosle la luz y la alegría del Evangelio que es Cristo Jesús que ha venido a salvar al hombre y llevarlo a la felicidad plena.
IDA Y RETORNO: A todos ustedes queridos lectores y hermanos en la fe cristiana católica, les deseo una Feliz Navidad; que El Señor Jesús les bendiga con abundancia en medio de sus hogares y les avive en la fe, la esperanza y el amor. Que Él les sostenga y ayude en sus necesidades y puedan encontrar paz, felicidad, amor, sosiego, fortaleza y luz para mirar el futuro con esperanza. No se dejen robar la fe ni la esperanza; sueñen, planifiquen, pidan con fe y esperen en El Señor que no defrauda y siempre escucha nuestras súplicas. Abran sus corazones a Dios y esperen milagros, porque Dios siempre nos bendice y ayuda cuando lo invocamos con fe
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