viernes, 15 de diciembre de 2017

diciembre 15, 2017




Leonardo Morales P. @LeoMoralesP

Luego de las elecciones de gobernadores donde la MUD, más bien el G4, dio suficientes muestras de que los cambios, primero Aveledo por Chuo Torrealba y luego éste por no se sabe qué o quién, fueron determinantes en la derrota, florecieron rosas negras en los jardines de la plataforma aglutinadora de los partidos de oposición.
Técnicamente la MUD desapareció apenas anunciaron los resultados; alguno optó por no sentarse más con quien más gobernaciones logró, otro acusó a otros de débil respaldo a su candidatura. En fin, las diferencias o celos dirigentes permitieron que no se respetará los liderazgos regionales y hasta nacionales; perdió Falcón en Lara, PJ Y VP se asociaron para competirle en las primarias; Capriles y Ocariz perdieron en Miranda, “la joya de la Corona” aun cuando detentaban la gobernación y la alcaldía del municipio más importante.
En esas condiciones, sin una plataforma unitaria que agrupe a los partidos políticos, con una profunda y enorme desconfianza entre los líderes fundamentales de los partidos políticos de oposición, deberá encararse las elecciones presidenciales del 2018 que, a decir de algunos y a informaciones disponibles, se realizaría dentro del primer cuatrimestre de ese año. En cualquier caso, el tiempo en estos asuntos es un tirano, por lo que difícilmente las diferencias y heridas infligidas puedan ser superadas en tan poco tiempo.
El escenario, el tiempo y las enemistades podrían estimular la aparición de varias candidaturas opositoras. Capriles hace muy poco dijo, mostrando como lo ha consumido la cultura chavista, que solo él y Leopoldo podrían dirigir el país. Entre eso y lo afirmado por Chávez, “sin la revolución no habría luz”, qué diferencia hay. Lo cierto es que la encuesta de Venebarómetro y otras dicen que los venezolanos piensan muy distinto a los delirios del dirigente de marras.
Henri Falcón, con tanto derecho como los otros, inició su gira por el país respaldando a los ciudadanos, a los candidatos a alcaldes abandonados por los partidos abstencionistas, y, además, los números de las encuestas le son ligeramente favorables. Ramos A. tiene en su haber la conquista de varios gobernadores en las pasadas elecciones regionales. Ambos tienen las condiciones para insinuarse como candidatos presidenciales y no solos los inhabilitados.
Los empresarios, no siempre exitosos en el ejercicio de la política, han ido ganando espacios importantes: Piñera en Chile y Macri en Argentina son ejemplos contemporáneos en la región. La insistente alusión a Lorenzo Mendoza genera nerviosismo en los sectores políticos gubernamentales y de oposición.
Han sido las opiniones del propio Mendoza lo que ha abierto espacio para la especulación; recientemente un aspirante a la presidencia como Henri Falcón, de manera cortés le dio la bienvenida a luchar por el bienestar del país. Muchos reclamaron que fuese Falcón quien lo hiciera. ¿Acaso hay un maestro de ceremonia para estos menesteres?¿No tiene derecho Falcón y el pueblo en general a aplaudir la aparición de otros, en este caso, a Lorenzo Mendoza?
Más tarde, de nuevo de segundo, Capriles, algo extraviado en aciertos políticos,  pretendió dar lecciones de política a Mendoza, pero además casi señaló que él, ungido por gracia de quien sabe quién, si estaba autorizado para hablar sobre el particular. Y quizá tenga razón: recordemos que sin noción de la política adquirió una curul a Copei para ser candidato a diputado por el estado Zulia, y finalmente presidió, por cosas de la Fortuna, como lo dijera Maquiavelo, la Cámara de Diputados. Luego, raudo y veloz, alcalde y gobernador.
En una carrera contra el tiempo, la oposición tiene severos obstáculos que debe esquivar: no hay confianza ni respeto entre sus dirigentes, tampoco una plataforma política que los asocie y, finalmente, se asoma, como en otras oportunidades, un outsider que debe ser considerado con el respeto que parece recibir de la población
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