jueves, 4 de enero de 2018

enero 04, 2018

Por Leonardo Morales P. @LeoMoralesP

Terminó el 2017 con la aparición de una inusitada moralidad en las esferas del poder que pareciera, parafraseando a Fukuyama, que una espora proveniente del espacio exterior llegó infectando al cuerpo político gubernamental, dotándolo, ahora sí, de una clara comprensión del bien y del mal. Han podido, gracias a la espora, convertirse en sujetos de bien y paladines de la justicia.

La historia de la corrupción requeriría de muchas páginas y la de ese fenómeno en Venezuela de una buena cantidad de cuartillas. Desde hace mucho en Venezuela dejaron de observarse toda normativa que condujera a una transparencia en las contrataciones públicas y, en muchos casos, se acude a subterfugios para saltarse cualquier tipo de ley o reglamento.

Los estudios sobre la corrupción en el mundo indican que más de las dos terceras partes de los países no cumplen con prácticas sanas en el ejercicio de la función pública y en esa materia Venezuela no es una excepción ubicándose entre los países con peores indicadores.

Durante el año que recién termina el mundo fue sacudido con asaz escándalos de corrupción. Los Panamá Papers, investigación adelantado por comunicadores sociales de diversas naciones, pusieron al descubierto un entramado de cuentas en las que aparecieron involucrados empresas y políticos de diversas naciones. En Brasil, la empresa petrolera, Petrobras, enlodó la política local y algo más, y se llevó por delante a Lula y a Dilma Rousseff. La misma Petrobras acaba de acordar una compensación por 2.950 millones de dólares a unos inversores afectados por el escándalo de soborno y corrupción.

Del gigante sureño también surgió una batahola que sacudió y sacude toda la región. La Constructora Odebrecht se hizo, con el apoyo de los revolucionarios brasileros, de enormes contratos; muchas veces se dijo que el expresidente Lula venía a Venezuela a interceder por pagos pendientes del gobierno de Chávez. Lo señalado por Marcelo Odebrecht, ante los tribunales de justicia, en materia de sobornos y corrupción, involucra a importantes sectores del mundo político regional que incluye expresidentes y hasta presidentes de diversas tendencias.

La opacidad o transparencia que van adquiriendo los países va acompañada con el rasgo del gobierno de turno, según desprende de los informes de Trasparecía Internacional; cuando los líderes que arriban al poder provienen del populismo y derivan en regímenes autocráticos, descienden un sus puntajes, caso distinto, como en el de Argentina, que con Macri ha visto recuperar sus indicadores.

Sí bien la corrupción está instalada en todo el mundo es difícil creer que los revolucionarios del siglo XXI, luego de 18 años de saqueo al erario público, se aparezcan, en acto de arrepentimiento, a desenvainar la espada para liquidar a los corruptos, a esos funcionarios que desde bien temprano con Chávez disfrutaron, y hasta hace unos días con Maduro, del ejercicio del poder.

Cómo no creer que se trata de una vendetta entre pares. Cuando el fiscal con cara de Perry Mason solicita juicio y cárcel a quienes hasta hace muy poquito eran sus socios de gobierno, le saltan acusaciones respecto a la adjudicación de contratos a dedo limpio mientras ejercía la gobernación del estado Anzoátegui.

El gobierno de Maduro y su Fiscal solo nos dicen que el gobierno de Chávez fue el más corrupto del 58 hasta el presente. Eso es verdad, no se duda, se comparte plenamente, pero este gobierno no es distinto al anterior, es su continuidad. Una verdadera joya fue ver a Maduro anunciándoles a los alcaldes recién electos que podrían ejecutar presupuesto sin el estorbo que significaba la ley. Se babearon, gritaron a rabiar ante el decreto madurista de opacidad administrativa.

La administración de justicia brasileña sigue sus investigaciones y Marcelo Odebrecht sigue su recital. Allí no estorban las leyes. De allí saldrán a relucir otros flamantes coimeros y sobornadores. Todo parece indicar que el gobierno venezolano no podrá obtener una carta de buena conducta y, por cierto, pareciera que tampoco se le firmará a algunos opositores.