miércoles, 14 de febrero de 2018

febrero 14, 2018





  Por Rafael Marrón González @RafaelMarronG

Andrés Eloy Blanco solía decir que Bolívar era oceánico, pues servía para todo, y hasta el propio Bolívar se quejaba de que su nombre era invocado para el bien y para el mal en Colombia. Una vez entronizado en la psiquis colectiva como símbolo de unidad del pueblo venezolano, porque esa unidad traduce que solo puede querer el bien para los venezolanos, Bolívar se convirtió en argumento político para, a falta de sinceridad y planificación, demostrar solidaridad con la masa que ha convertido a Bolívar figura del santoral pagano. Una suerte de palabra mágica que abría las puertas de Miraflores, lo que llegó al cénit con la demagogia chavista al convertir a Bolívar en adjetivo para el nombre de la República, asegurando así que cualquier dislate político de la pandilla gobernante, estuviera amparado por un supuesto bolivarianismo, obviando olímpicamente que:

Toda forma de tiranía es antibolivariana
Bolívar estaba convencido de que los dos grandes enemigos de todo Estado de Derecho, es decir de la nación libre,  eran, la tiranía (el caudillo providencial  que se coloca por encima de las leyes, sustentado por la Fuerza Armada o por una muchedumbre desclasada y aclamacionista, que llamamos turbamulta, sustituta de la sociedad civil) y la anarquía (un pueblo ciego estimulado en su resentimiento social  que pugna por la impunidad). Como gobernante, Bolívar auspiciaba la voz de la oposición y declaraba: ¨El que manda debe oír aunque sean las más duras verdades, y, después de oídas, debe aprovecharse de ellas para corregir los males que producen los errores¨, y aún más, decía que solo los hombres honrados debían fijar la opinión pública porque: ¨No conviene que la opinión y la fuerza estén en las mismas manos y que toda la fuerza esté concentrada en el gobierno¨.  Sobre esto último hay que recordar la diferencia entre opinión y pensamiento, porque la primera proviene de estímulos emocionales externos y el segundo del análisis, la evaluación y la interpretación de la realidad.

Populismo y demagogia, degradaciones antibolivarianas
Bolívar como líder civil despreciaba la demagogia y el populismo hasta el grado de situarse tan firmemente al lado de la autoridad que se podría llegar a dudar de su vocación democrática sino se estuviera consciente de la calidad  del pueblo que le tocó en suerte,   y como líder militar conocía profundamente la diferencia  entre la obediencia y la disciplina aplicadas al ejército como bases inexorables de su estructura, y su transcripción al mundo civil basado en el disenso, la protesta, la tolerancia y la libertad, lo que establece definitivamente su rotunda separación con el militarismo. Para mayor honor de nuestra patria los únicos  tres soldados de la Independencia del Continente Meridional que se declararon públicamente antimilitaristas, fueron venezolanos: Simón Bolívar, Antonio José de Sucre (acérrimo crítico del partido militar) y José Francisco Bermúdez (quien, finalizada la guerra, devolvió sus preseas de general en jefe al Congreso, pues “había llegado la hora de los civiles”).   

El nacionalismo es antibolivariano
Bolívar tampoco  fue un nacionalista en el sentido reduccionista de la definición, recuérdese que aceptó se estableciera la capital política de Venezuela en Bogotá, pero si fue americanista en cuanto a su visión de una Comunidad de Naciones Hispanoamericanas como contrapeso político y económico ante el poder anglosajón, americano del Norte y europeo. Sin embargo, y en contradicción con lo anterior, pensaba seriamente en convertir esta parte de América en un protectorado inglés, recogido en su diseño de su Liga de Naciones americanas, a discutir en el fracasado Congreso Anfictiónico de Panamá, porque allí propone colocar a los países federados bajo la protección de Inglaterra, para, en principio,  disuadir a España de un posible intento de  reconquista, pero con carácter interventor porque afirma que la reforma social se alcanzaría bajo los auspicios de la libertad y de la paz, ¨pero la Inglaterra debería tomar necesariamente en sus manos el fiel de esta balanza¨.  Al respecto Bolívar le planteó a Santander la idea de establecer este protectorado británico, y le escribió desde el Cuzco, el 28 de junio de 1825: ¨Mil veces he intentado escribir a usted sobre un negocio arduo y es que nuestra federación americana no puede subsistir, si no le toma bajo su protección la Inglaterra; por lo mismo no sé si sería muy conveniente si la convidásemos a una alianza defensiva y ofensiva. Esta alianza no tiene más que un inconveniente y es el de los compromisos en que nos puede meter la política inglesa; pero este inconveniente es eventual y quizá remoto. Yo le opongo a este inconveniente esta reflexión: ¨La existencia es el primer bien y el segundo es el modo de existir¨. Y así como en el Congreso de Angostura insistió en que los legisladores buscaran inspiración en el sistema político inglés, en esta ocasión  inserta un punto en el que establece, para convencer a la nación anglosajona de convertirse en Miembro Constituyente de la Liga: ¨...que Gran Bretaña alcanzaría ventajas considerables con este arreglo¨, y las enumera: ¨... 2) La América le serviría como de un opulento dominio del comercio. 4) Los ingleses se considerarían iguales a los ciudadanos de América. 6) El carácter británico y sus costumbres las tomarían los americanos por los objetos normales de su existencia futura¨. Criticable posición, pero justificada por la hora que le tocó vivir, sin embargo bien alejada de la indignidad de someter la patria a la vejación de un tutelaje cubano en lo político y militar, y chino y ruso en lo económico.    

El militarismo es antibolivariano
En su concepción republicana, civilista y democrática establecía para las Fuerzas Armadas un destino manifiesto subordinado al poder civil: ¨El destino del ejército es guarnecer la frontera. ¡Dios nos preserve de que vuelva sus armas contra los ciudadanos! (...) Un militar no  tiene virtualmente  que  meterse  sino  en  el  ministerio  de  sus armas. (...)  Es insoportable el espíritu militar en  el  mando civil¨. Y el 2 de enero de 1814 en su discurso a la Asamblea celebrada en Caracas, en la Iglesia del Convento de Religiosos Franciscanos, enfatiza: ¨Un soldado feliz no adquiere ningún derecho para mandar a su patria. No es el árbitro de las leyes ni del gobierno, es el defensor de su libertad¨.     

La inseguridad personal y jurídica es antibolivariana
En su Constitución de Bolivia garantiza los elementos fundamentales para el desarrollo de la sociedad, tocando someramente lo que hoy llamamos Derechos Humanos: ¨... Se han establecido las garantías más perfectas: la libertad civil es la verdadera libertad; las demás son nominales, o de poca influencia con respecto a los ciudadanos. Se ha garantido la seguridad personal, que es el fin de la sociedad, y de cual emanan las demás¨. Fíjense en el detalle sobre las garantías a la seguridad personal, lo que determina que la inseguridad que sufrimos los venezolanos, también es antibolivariana, y en Angostura fija su posición sobre la debida responsabilidad que el Estado adquiere de brindar seguridad a la colectividad: ¨La seguridad consiste en la garantía y protección que la sociedad concede a cada uno de sus miembros para la conservación de su persona, derechos y propiedades¨.

La violación a la libertad de expresión es antibolivariana
Aunque amparado con su nombre, el partido militar cometiera toda suerte de excesos contra la libertad de expresión, Bolívar la defendía firmemente, y al respecto expresó en Angostura, en 1819: ¨El derecho de expresar sus pensamientos y opiniones de palabra, por escrito, o de cualquier otro modo, es el primero y más inestimable don de la naturaleza. Ni aun la ley misma podrá jamás prohibirlo, y solo podrá señalarle justos términos haciendo responsable de sus escritos y palabras, y aplicando penas proporcionadas a los que lo ejercieren licenciosamente en perjuicio de la tranquilidad pública, de la vida, honor, estimación y propiedad de cualquier ciudadano¨. Y en cuanto al ejercicio del periodismo, bajo su influjo se fundaron, desde 1821 hasta 1825, además del Correo del Orinoco, fundado en Angostura el 27 de junio de 1818, El Pacificador del Perú, La  Gazeta del Gobierno de Lima Independiente, El Correo de Bogotá,  La Gazeta del Gobierno, El Centinela en Campaña, La Estrella de Ayacucho, El Observador, y El Peruano, fundado el 25 de octubre de 1825 que circula todavía y cuyo primer editor fue Tomás de Heres.  

La unicameralidad es antibolivariana
“Los Congresos modernos, me dirán, se han compuesto de solas dos secciones. Es porque en Inglaterra, que han servido de modelo, la nobleza y el pueblo debían representarse en dos Cámaras; y si en Norte América se hizo lo mismo sin haber nobleza, puedo suponerse que la costumbre de estar bajo el Gobierno inglés, le inspiró esta imitación. El hecho es, que dos cuerpos deliberantes deben combatir perpetuamentey por esto Sieyes no quería más que uno. Clásico absurdo”. La ignorancia que aprobó con su voto la Constitución de 1999, eliminó la Cámara de senadores, lo que conspira contra el bienestar de las regiones, porque los diputados son nacionales y tienen que anteponer el bien nacional así se perjudique su región.  

Atentar contra la propiedad privada es antibolivariano
Fue enfático al definir en Angostura su concepto de la Propiedad Privada: ¨La propiedad es el derecho de gozar y disponer libremente de sus bienes del fruto de sus talentos, industria o trabajo¨. Y en Bolivia vuelve a tocar el tema: ¨En cuanto  a la propiedad, ella depende del código civil que vuestra sabiduría debiera componer luego, para la dicha de vuestros conciudadanos¨. Continuará.

 

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