lunes, 5 de febrero de 2018

febrero 05, 2018


I

"Yo sabía que no debían agradarle a Vd. las observaciones que le hice; tampoco me agradaban a mí y ésta fue la razón porque no las había hecho antes. Pero al fin, el que gobierna una gran familia tiene que pasar por todo, sea agradable o no. Vd. no debe incomodarse porque le digan el dictamen de los otros; a mí me lo dicen todos los días y no me incomodo, porque el que manda debe oír aunque sean las más duras verdades y, después de oídas, debe aprovecharse de ellas para corregir los males que producen los errores. Todos los moralistas y filósofos aconsejan a los príncipes que consulten a sus vasallos prudentes y que sigan sus consejos; con cuánta más razón no será indispensable hacerlo en un gobierno democrático en que la voluntad del pueblo coloca sus jefes a la cabeza para que le hagan el mayor bien posible y no le hagan el menor mal. Un pueblo soberano, ha dicho Montesquieu, es un caballo indómito que muy pronto derriba su jinete. Es muy difícil dar gusto a muchos y mucho más cuando la República está rodeada de males e inconvenientes". Carta a Páez, 19 de Abril de 1820.

Símbolo de unidad, después de muerto
Antonio Guzmán Blanco inició en Venezuela el culto a la imagen y pensamiento de El Libertador, al principio utilizándolo como un elemento aglutinante de la nacionalidad en un país que según sus propias palabras “era como un cuero seco, que lo pisaban por un lado y se levantaba por el otro”, y de esa manera se constituyó Bolívar en un símbolo de unidad del gentilicio venezolano, por ello es peligroso usar su nombre para banderías partidistas, porque de ser una lealtad común de los venezolanos pasaría a constituirse en un foco de perturbación social, como en los remotos tiempos de su propuesta política que dividió a Colombia entre liberales y conservadores irreconciliables. Es sumamente delicado asumir ingenuamente el pensamiento político de Bolívar, confundiendo las citas extraídas de su copiosa correspondencia, con su ideario político, imposible de considerar en una República moderna.     

De la aclamación al odio
Cuatro documentos singulares reflejan el pensamiento  político de Bolívar, el Manifiesto de Cartagena, que funge de fichero organizacional de su discurso futuro; la Carta de Jamaica, que nos evidencia un hombre maduro con absoluta conocimiento de sus objetivos y de intensa visión política; el Discurso ante el Congreso de Angostura, que significa un compendio de su ejercicio intelectual que sienta las bases para la constitución del Estado, y que va a dar paso al estadista que se perfilará definitivamente en su mensaje al Congreso de Bolivia presentando su segundo proyecto de Constitución, cuarto y final documento que descubre las contradicciones con su teórico ideario político, sustentado hasta entonces,  justificadas por la cabal comprensión de la realidad de los pueblos libertados por su genio, desencadenando la oposición que devasta su obra militar. Por ello algunos historiadores separan al Bolívar Héroe Suramericano del Bolívar político, estableciendo la frontera en 1824, año de la Batalla de Ayacucho. De allí en adelante se rasga el velo de la reverencia y Bolívar se inserta en la lucha de poderes que lo llevara al destierro, al odio,  a la muerte y al olvido por casi cincuenta años. En el amargo desengaño de sus días finales llegó a exclamar: ¨Estoy viejo, enfermo, cansado, desengañado, afligido, calumniado y mal pagado. (...) Durante estos últimos días me he arrepentido hasta de los (levantamientos) que emprendimos contra los españoles¨. Y después de haber pasado su vida llenado páginas enteras exaltando las virtudes americanas, culmina su existencia política con esta triste premonición: ¨La América es ingobernable. Los que han servido a la revolución han arado en el mar. La única cosa que se puede hacer en América es emigrar. Estos países caerán infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada para después pasar a los tiranuelos casi imperceptibles de todos los colores y razas, devorados por los crímenes y extinguidos por la ferocidad. Los europeos tal vez no se dignarán conquistarlos. Si fuera posible que una parte del mundo volviera al caos primitivo, éste sería el último período de América¨.  Más amargura, imposible. Y mayor capacidad perceptiva no se encuentra en ninguno de los líderes de su época. La Venezuela actual, desgraciadamente, es el ejemplo más conspicuo.  

Bolívar era centralista, el federalismo es antibolivariano
En 1812 llega exiliado a Cartagena y redacta un largo memorial que dirige a los ciudadanos de la Nueva Granada analizando las causas que influyeron en el desastre militar y político de Venezuela en su fallido intento de separación de España;  en este documento no duda en denunciar como una de las causas de la pérdida de la Primera República, el que el Congreso de 1811 hubiera adoptado una forma de gobierno federal para Venezuela, aun conociendo que en la Nueva Granada esa era la forma de gobierno imperante y que esto le traería enemigos políticos: “...Pero lo que debilitó más el Gobierno de Venezuela fue la forma federal que adoptó, siguiendo las máximas exageradas de los derechos del hombre, que autorizándolo para que se rija por sí mismo, rompe los pactos sociales y constituye a las naciones en anarquía. Tal era el verdadero estado de la Confederación. Cada provincia se gobernaba independientemente; y a ejemplo de éstas, cada ciudad pretendía iguales facultades alegando la práctica de aquéllas, y la teoría de que todos los hombres y todos los pueblos gozan de la prerrogativa de instituir a su antojo el gobierno que les acomode. El sistema federal, bien que sea el más perfecto y más capaz de proporcionar la felicidad humana en sociedad, es, no obstante, el más opuesto a los intereses de nuestros nacientes estados”.

Opinaba que el pueblo carecía de virtudes federales
“Generalmente hablando, todavía nuestros conciudadanos no se hallan en aptitud de ejercer por sí mismos y ampliamente sus derechos; porque carecen de las virtudes políticas que caracterizan al verdadero republicano; virtudes que no se adquieren en los gobiernos absolutos, en donde se desconocen los derechos y los deberes del ciudadano. Por otra parte, ¿qué país del mundo, por morigerado y republicano que sea, podrá, en medio de las facciones intestinas y de una guerra exterior, regirse por un gobierno tan complicado y débil como el federal? No es posible conservarlo en el tumulto de los combates y de los partidos. Es preciso que el Gobierno se identifique, por decirlo así, el carácter de las circunstancias, de los tiempos y de los hombres que lo rodean. Si éstos son prósperos y serenos, él debe ser dulce y protector; pero si con calamitosos y turbulentos, él debe mostrarse terrible y armarse de una firmeza igual a los peligros, sin atender a las leyes, ni constituciones, ínterin no se restablece la felicidad y la paz”. Este delicado concepto de Bolívar debe entenderse en el marco específico de su momento histórico, estábamos en guerra con una potencia extranjera, por lo tanto era pueril someter al gobierno a la estructura institucional, pero en la paz es fundamental su obediencia. Algunos dictadores han justificado su violación al Estado de Derecho con la errónea o interesada invocación a esta conclusión bolivariana.

La soberanía del pueblo no es ilimitada
Tulcán, 31 de diciembre de 1822
Al Excmo. señor Vicepresidente de la República.
Tengo el honor de dirigir a V. E. la nota de mi felicitación al Congreso General que he creído de mi deber hacer en momentos en que ya lo supongo reunido. La nación espera las más grandes ventajas del congreso que debe necesariamente dictar aquellas mejoras que el pueblo desea para el complemento de su prosperidad, pero no me puedo persuadir que los legisladores se dejen llevar del espíritu de innovación que ha cundido en esa capital. V. E. sabe, y Colombia entera lo sabe también, que yo he consagrado mi vida a la integridad de Colombia, a su libertad y a su dicha. Mi política ha sido siempre por la estabilidad, por la fuerza y por la verdadera libertad. El Congreso de Guayana oyó mi dictamen sobre gobierno, y siguió una parte de mis opiniones: el de Cúcuta hizo otro tanto; y V. E. sabe que por docilidad y obediencia juré la constitución y me constituí su garante. Esta constitución es inalterable por diez años, y pudiera serlo, según el Contrato Social, del primer republicano del mundo, pudiera serlo, digo, inalterable por una generación entera, porque una generación puede constituirse por su vida. La soberanía del pueblo no es ilimitada, porque la justicia es su base y la utilidad perfecta le pone término. Esta doctrina es del apóstol constitucional del día. ¿De dónde pueden creerse autorizados los representantes del pueblo a cambiar constantemente la organización social? ¿Cuál será entonces el fundamento de los derechos, de las propiedades, del honor, de la vida de los ciudadanos? Valdría más vivir bajo el feroz despotismo, pues al fin el sagrado del hombre tendría algún apoyo en el poder mismo que lo oprime. Yo, Excmo. señor, me creo autorizado a instar al poder ejecutivo para que haga los esfuerzos más eficaces a efecto de procurar que la actual legislatura no altere en nada al código fundamental de Colombia. Yo declaro, por mi parte, que ligado por un juramento a este código, no debo obedecer a ninguna ley que lo vulnere y viole: que mi resolución es separarme de Colombia antes de dar asenso a las leyes que aniquilen la obra maravillosa del ejército libertador. Por estas consideraciones y muchas otras, suplico a V. E. presente al Congreso General, oportunamente y cuando las circunstancias imperiosas lo exijan, mi protesta solemne de no reconocer durante mi presidencia acto ninguno del Congreso que revoque, altere o modifique las leyes fundamentales de la República de Colombia. Soy de V. E., con la más alta consideración, su atento servidor”. Continuará.