domingo, 11 de febrero de 2018

febrero 11, 2018



Por: Paciano Padrón | @padronpaciano

Hay seres que en un momento dado se convierten en figura con una significación convencional, en emblema, en blasón de una idea o meta. Enrique Aristeguieta Gramcko es símbolo de democracia y de lucha por su instauración. Hace ahora exactamente 60 años amaneció más temprano, era el 23 de enero de 1958, cuando huyó en horas de la madrugada el dictador Pérez Jiménez, escapando del rechazo general, de la acción conjunta de pueblo y militares en búsqueda de la libertad. Allí estaba Enrique a la cabeza, con sus 24 años de edad, miembro de la Junta Patriótica. Hoy, seis décadas luego, el anciano de 84 desafía al régimen dictatorial y sigue luchando, convertido en alegoría, en efigie de resistencia y democracia.

La Junta Patriótica creada clandestinamente en junio de 1957,  tenía representantes de los cuatro partidos políticos, siendo sus líderes fundamentales Fabrizio Ojeda, de URD; Gonzalo García Ponce, por el PCV; Gilberto Ortiz Bucarán, de AD, y el joven copeyano Enrique Aristeguieta Gramcko, actualmente el único sobreviviente de la Junta. Circulaban manifiestos y proclamas, organizaban cuadros civiles y militares, y se opusieron radicalmente al plebiscito convocado por la dictadura, para obviar las elecciones presidenciales y permitirle al general Marco Evangelista Pérez Jiménez cinco años más de gobierno. La Junta Patriótica se opuso al plebiscito por inconstitucional y por falta de garantías electorales. Se convocan paros y huelgas, manifestaciones y mítines relámpagos. Se calienta la calle y la calle no calla hasta que cayó el dictador.

Cuando hace pocos días el narcotraficante régimen de Venezuela ordenó la detención de Enrique, cometió un gravísimo error en contra de su interés continuista, producto del desespero de quien siente el tiempo vencido y los santos de espaldas, de quien sabe que ya el pueblo no lo quiere. La reacción llegó de inmediato, desde todos los rincones de Venezuela y desde el escenario internacional, se protestó el atropello contra el anciano luchador, y los gritos de libertad se alzaron con tal fuerza, que pronto debieron soltarlo.

Pretendió Maduro silenciar a Enrique y ahora Enrique habla con voz más recia, con respaldo nacional e internacional, voz que debemos escuchar.

Cuando Aristeguieta Gramcko narró su detención, reveló que mientras estuvo en el Helicoide palpó “lo que sienten en su corazón unos funcionarios policiales y judiciales, que rechazan estas prácticas totalitarias. Ellos también quieren un cambio, desean ser liberados de este yugo junto a sus familiares, que sufren las mismas penurias que todos nosotros”.

Enrique insistió con argumentos sobre la farsa que significa la elección inconstitucionalmente convocada por la anc, y que no es sino un fraude para perpetrar la tiranía. La historia se repite, es el mismo fraude del plebiscito de Pérez Jiménez de hace 60 años, pretendiendo atornillarse. Enrique seguirá llamando a la abstención, “llamar a no votar no es un delito, es un recurso que tiene el ciudadano” ante un CNE que funciona como ministerio de elecciones del régimen, el mismo que hace unos meses, en chimbas elecciones de la anc, multiplicó por cuatro los resultados, y a los dos millones de votos que logró sumar el régimen, lo cuadruplicó para proclamar que los chimbos diputados habían sido electos por ocho millones de compatriotas.

Luego de 19 años cumplidos, es hora de apretar contra el régimen, de levantar el ánimo y la esperanza. Que nadie más diga que no se puede. El régimen hoy lo sostiene, en lo fundamental, nuestra incoherencia como opositores. Debemos canalizar la ayuda mundial que cada vez está más presta ante el peligro del terrorismo internacional y el narcotráfico que controlan a Venezuela desde La Habana, con injerencia de una coalición del terror en la que participan varios países y organizaciones proscritas. Apretemos el paso. Enrique Aristeguieta Gramcko es un buen baqueano que puede ayudarnos en la búsqueda del sendero de la libertad y la democracia.

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