domingo, 11 de febrero de 2018

febrero 11, 2018


Por: Miguel Aponte  @DoublePlusUT


Frente a la crítica, caótica, desgraciada, situación del país. Frente a las expectativas, cada vez peores, toda vez que el régimen es incapaz de toda credibilidad, incluso si quisiera hacer las cosas bien y hablamos de materia económica. Dado que sólo atina a proponer fórmulas imaginarias para resolver problemas reales: el petro es la última, pero antes, la renegociación de la deuda, la cesta de divisas. Problemas reales que requieren, como todo problema, acciones reales y no mágicas. Frente a un régimen que es capaz de cualquier cosa buscando correr su arruga para alcanzar una sola meta psicótica: mantenerse en el poder. Frente a todo esto, las posibilidades de la oposición democrática son infinitas.

No existe oposición en el mundo entero que enfrente un gobierno más desprestigiado e ineficiente que el chavista. La situación es tal que no se trata ya de saber cuál sería la estrategia, sino de cómo llevarla a cabo. Y, eso sí, hay una sola condición: la unidad. ¿Cómo es que el liderazgo opositor no puede entender esto y llevar a cabo lo único que se le exige: que se unifique frente al régimen? La discusión acerca de si es pertinente ir a elecciones o no, es el último ejemplo a la mano. No es que una estrategia sería correcta y la otra no; la correcta es la que sigamos todos, porque solamente de esa manera tendrá la contundencia requerida para triunfar.

Si el régimen va solo a elecciones bufas, se desprestigia; y si la oposición participa masivamente está perdido también, punto. Porque si reconoce, se va y si no lo hace, se hunde aún más. En esto, solo condiciones claras deben exigirse. Lo único que permitiría al régimen correr la arruga es que en cualquier estrategia la oposición vaya desunida y, peor, que se atreva a reconocer las estructuras ilegítimas que inventa el régimen, cuando su deber es denunciarlas abiertamente. La verdad es que la oposición fracasa únicamente porque no actúa como se le exige: con una sola voz, concentrándose en la tarea y no sus egos.

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