sábado, 3 de febrero de 2018

febrero 03, 2018







A pesar de los oscuros momento que nuestra sociedad vive actualmente, producto de esta crisis humanitaria cuya raíz está fundamentalmente en el modelo político y económico que desean imponer desde los mullidos sillones del usurpado palacio de Miraflores, todos los venezolanos de verdad deberíamos guardar el siguiente credo para los momentos en que estemos desesperanzados: 



Creo en el país que yace bajo el asfalto y la mediocridad derivada del populismo, creo en esta nación que vibra a pesar de la crisis, creo en la república rediviva que cada día se levanta temprano y le pone el pecho a los retos para enfrentarlos y crecer en medio de tanta desgracia, creo en el trabajador incansable, en el que vende lo que puede a orillas de la carretera, creo en la santa trinidad del trabajo, la dignidad y el orgullo de ser tricolor, creo en la verdad de los que se quieren comer el mundo aunque no tienen alimentos en su mesa, creo en la esperanza del que se acuesta sin sueños, en la resurrección de mi tierra, de mis raíces, de mi cultura manoseada a conveniencia del gobernante de turno, creo en la lucha por la libertad como un bien necesario y en constante reclamo, creo en mi patria, santa que alguna vez fue virgen y que hoy, ultrajada por políticos, caudillos y demás alimañas, muere de mengua solo para resucitar limpia como antes, creo en el esfuerzo de los que creen y crean cada día las condiciones para construir un país de primera en lugar de uno de cuarta, de quinta o de sexta, creo en la democracia y en el poder del fuero civil como forma de conducción política, creo en VENEZUELA, que es sin duda, el mejor país del mundo.