domingo, 11 de marzo de 2018

marzo 11, 2018


Por Rafael Marrón González ( @RafaelMarronG ) /

“Él bajó del agua limpia con su caballo blanco. Y bajó por el arco iris, y de sus zapatos que cubrían sus pies salía la fuerza para ser un caminante grande y así cruzar los Andes. Bolívar pasó los Andes, y solo Dios sabe las penas que le ocurrieron, los fatalismos. Allí en los páramos encontró al perro mucuchicero que le sirvió de guía. Bolívar no tenía nada que aprender de los campesinos, porque él era un campesino que sabía reconocer el olor de las plantas, y sabía para qué servía cada mata, y a cada río lo conocía con las piedras, y no confundía el canto de los pájaros. (Homero Nava, pintor ingenuo de Jají, Estado Mérida. Tomado del libro “Bolívar: Fábula de Fabuladores”).


Para explicarnos el poder de convocatoria popular ante la evocación del nombre de Bolívar con fines políticos, que mucho poder ha redituado a no pocos desaprensivos, es preciso adentrarnos en el alma sincrética del pueblo venezolano cuyas raíces primitivas siguen presentes en su universo cosmogónico constelado de ánimas, santos y espíritus generosos. Para el pueblo ingenuo, Bolívar es una expresión de lo intangible, para quien todo es posible y de quien espera todavía la redención de sus sufrimientos “porque si él viviera otro gallo cantaría”, lo que traduce que Bolívar no puede querer otra cosa que el bienestar del pueblo. El Bolívar pueblo es un Bolívar ungido por la oralidad ancestral, que excede el campo científico de la historia para establecerse en la urdimbre conformada por la santería africana, elementos indígenas, rezagos de superstición colonial, conspicuos personajes populares, y la dulía y la súper dulía cristiana, lo que imposibilita imponer al Bolívar humano en su contexto histórico “porque usted no va a sabé más que mi “agüelo Antonio”, que no le gustaba que le tomaran foto y que se murió de noventa y lo conocía como si lo hubiera visto porque se le aparecía en espíritu y todo”. “En cada casa tienen a Bolívar en un altar para pedirle favores. Y cumple. Es bueno para el dinero, para los negocios, para la suerte”. De allí que adjetivar la república como “bolivariana” fue más eficaz que un golpe de estado o una guerra civil, para la toma del poder político e imponer una dictadura antibolivariana.




Bolívar en el altar popular


Por ello en el altar de la imaginería popular venezolana no podía faltar Simón Bolívar, en un mismo sitial, con olorosos velones de colores específicos, tomando en cuenta ciertas instrucciones, entre las imágenes de yeso pintadas de colores vivos como Santa Bárbara y el Divino Niño (para todo lo bueno y abrir caminos), San Marcos de León (para dominar a la pareja), José Gregorio Hernández (para la curación), Santa Eduvigis (para conseguir casa), San Miguel (para proteger el hogar) y San Onofre (para conseguir trabajo), y Guacaipuro, Negro Primero, el ánima de Taguapire, la Virgen de Coromoto, María Lionza, Santa Eduvigis, San Expedito, la Virgen del Carmen, San Roque, el corazón de Jesús, San Benito, el negro Felipe, los arcángeles Gabriel y Miguel, que no se alumbran porque son militares como Bolívar, que no se alumbra en algunas regiones de Venezuela; todos amparados por la milagrosa Mano Poderosa con el estigma del clavo lacerante rasgando la palma, en sincrética amalgama con la “pepa de zamuro”, las pencas de zábila atadas con cintas de colores, y collares de semillas protectoras y la espada libertadora y la herradura para la buena suerte y un Buda con su cuenco para el dinero y... la estrella de David: “...Ahí tengo yo a Bolívar alumbrado todo el día en el altar, él está en su caballo blanco. Aquí no viene nadie malo, aquí está Dios, y después de Dios ese hombre, Bolívar. De Bolívar sé muy poco. Yo lo considero como un santo. Y según los rumores de los hombres, dicen que ese hombre viene poco por acá a los asuntos de los espiritistas, porque lo tiene Dios ocupado allá. Lo bueno se impone, una cosa buena no le dan fresco para que salga, lo tienen ocupado. Por eso es que hay hombres grandes. Y después de Dios el hombre. Y tan así, cuando él y que dijo que si la naturaleza se oponía, contra ella lucharemos”. (Pedro Antonio Ratia Flores. Calabozo. Estado Guárico. Obra citada).

Y encontramos también a Simón Bolívar, como intermediario para acceder al Santuario del Templo de María Lionza al que se llega después de atravesar varias antesalas llamadas “portales” que rinden tributo a extravagantes idolatrías, y así tenemos entre otros el Portal de la Reina Margarita, el Portal Juan de las Piñas y el Portal Simón Bolívar en el que una sacerdotisa confundida mezcla al mocho Hernández con el Libertador en el asunto de María Lionza, según nos relata Hemann Garmendia.


Bolívar y lo anecdótico


Los venezolanos del campo son bolivarianos históricos, ya por naturaleza: “No voy a cambiar unas ideas de Bolívar por unas ideas de por ahí”. Y lo conocen por lo anecdótico: “A Bolívar le gustaba bailar, dejaba de bailar y hablaba de guerra un rato, mezclaba todo, le gustaba el dadito, pero él jugaba una cosa que llamaban “paropinto”, jugaba mucho eso, y no le gustaba perder tampoco. Él era un hombre fino, el hombre fino se conoce porque tiene los pies delgados, de la rodilla para abajo eran los huesos pelados, es como el gallo, el burro caminador tiene la pata delgadita, y el gallo fino casi la pata se le parte”. “Era el primero de los presidentes y todavía sigue mandando”.




Productos bolívar


Y así Bolívar se transmuta en la imaginación popular en el luchador contra el mal, del espíritu o del cuerpo, da lo mismo, y trasvasan “su espíritu” en esencia Libertador, aguardiente Simón Bolívar, ron con culebra “Bolívar”, “kerosene Bolívar” y “velones Bolívar”: “La esencia de Simón Bolívar la gente la utiliza en otras cosas, para echarse en el cuerpo, para asunto de dinero, para la salud no, para el dinero. Hay gente que alumbra a Bolívar, hay gente que le tiene fe y lo alumbra y le pide, y eso tiene su oración también, está en un carné. Hay escapularios que en una parte vienen con Bolívar y en la otra con otra cosa”. “Bolívar sirve para la suerte, para el dinero. Las esencias las compran para baños, es una gran fe lo que ya el pueblo le tiene a él”. Y el vendedor de sahumerios y talismanes: “Yo tengo doscientas esencias distintas aquí. Lo efectivo en las esencias, en los lavados, son tres, siete o nueve, tiene que ir nono, nunca lleva el par. Yo conozco muchas cositas de Bolívar, pero me las reservo, yo me las reservo, yo las vi en la historia, lo que yo sé, la historia está sobrada”. “Yo vendo imágenes, vendo santos. Aquí mi suegra hace trabajos especiales, si se hacen preparados con Bolívar, el médium se le incorpora, y ellos los que saben de estos trabajos, trabajan ahí con Bolívar. Él es importante para la salud y el dinero”. “Bolívar se vende en todos los modelos, así en busto, así en medallas. A Bolívar si se considera como santo y como la fortuna para el dinero. A él lo buscan mucho como a San Juan Dinero”. (Efraín José Urdaneta. La Vela de Coro. Estado Falcón. Obra citada). Aunque haya otros con cierto humor que se muestran socarrones: “Bolívar es para conseguir real. Sin Simón Bolívar nadie vive, como va a vivir, todo lo que se va a comprar es con Simón Bolívar”. Claro, que so se decían antes de que el chavismo destruyera la moneda en un acto vil de traición a la patria.


De cómo usar la oración y colocar la imagen


La oración de Simón Bolívar no puede faltar en ninguna casa, pero hay que saber usarla para que tenga resultados: “Yo sé que la oración se usa antes de salir el sol, cuando está saliendo el sol por la mañana, es que se dice la oración de Simón Bolívar. Hay cosas que la gente le invoca y le pide, y le pone fe y le piden, y hacen ciertas preparaciones, invocan a Guacaipuro. A Bolívar lo invocan”. Y no se puede colocar la imagen de Bolívar en cualquier parte, para que sea efectiva deben seguirse las instrucciones: “A Bolívar hay que ponerlo inclinado para que entre el dinero, la mejor forma para tener a Simón Bolívar es a la entrada, encima de la puerta de entrada, inclinado, mirando hacia la calle. Otra manera de ponerlo es junto con el Corazón de Jesús, y a Bolívar y al Corazón de Jesús se les pide a ellos juntos”. (Minerva Williams. Río Chico. Estado Miranda. Obra citada). 



El protector de los bodegueros


Quizá por la asociación de su nombre con la moneda, Bolívar a pasado a ser el protector de los pequeños comerciantes: “A Bolívar la gente le gusta tenerlo en los negocios. Bolívar, Martí y San Martín son los tres hombres más grandes, que verdaderamente se sacrificaron”. “Mi vecina es la que pone a Bolívar en su negocio cuando la venta está floja. Un día se lo trajo de su casa. Colgó a simón Bolívar ahí, a ver si le traía suerte. Y como no vendió nada, agarró un balde de agua y lo bañó enterito”. (Carmen Luisa Cumana. Mercadito de Cumaná. Estado Sucre. Obra citada).




El ectoplasma bolívar también se les aparece


Y son muchos los que afirman haberlo visto: “Yo he hablado con Simón Bolívar. Bolívar me acompaña cuando me siento sola. Todas las noches lo visitaba en la Plaza y nos poníamos a hablar”. (Adelfa Rosa Giovanni Guerrero. Puerto Ordaz. Obra citada). “He tenido ciertas comunicaciones con Bolívar. Bolívar se presenta y uno lo puede ver, puede comunicarse con él. Pero él habla ciertas cosas, si uno está presente él está con uno, si uno piensa en Bolívar en lo grande que fue para el mundo entero, él está espiritualmente. Yo todo el tiempo pienso en el Libertador. Yo soy completamente apolítico, le tengo odio a la política. Y yo he podido captar comunicación con Simón Bolívar, lo he oído y me ha dicho: -No bajaré tranquilo al sepulcro hasta que no cesen los partidos, mi bandera flameará a tu alrededor. Yo le he visto a Bolívar el celaje, lo he visto como una sombra pero le he visto su cuerpo, es algo a quien no hay que temerle”. (Melquíades Rondón Belandria. Maracaibo. Estado Zulia. Obra citada).

Bolívar/pueblo


Este Bolívar/Pueblo anida en lo más profundo del alma venezolana, protegido y defendido por el mismo pueblo humilde. Heredero del que empuñó las lanzas y murió y venció por la libertad bajo su voz lejana. Y ninguna acción humana podrá jamás moverlo de esa concepción. Este Bolívar no era hombre. Hombre para ellos era Páez o Negro Primero. Bolívar era un enviado celestial: “Pero este hombre fue mandado por el mismo Dios, porque el caballo donde él andaba no apareció. Él luchaba en un caballo en la forma de un ángel, y el ángel se desapareció. El caballo era un ángel. Y por eso era que ese hombre luchó, venció y no murió como dice el dicho matado de nadie, murió por la naturaleza”.


Hasta para éxito en el boxeo


“Cuando me tocó pelear en Japón, donde hay que ganar a juro por “nocao”, me arrodillé en la esquina y le pedí la espada a Bolívar, y con su espada gané en el décimo. Yo siempre pelee con la espada de Bolívar y nunca me falló” (Luís “Lumumba” Estaba. Boxeador venezolano. Ex campeón mundial).


Y en los sueños


“En el entresueño veo que han pasado muchos años, y te encuentro, y veo la luz en un campo, y me consigo con un portal antiguo, alguien, un ángel vestido de portero me manda a pasar. Paso y hay unas señoras vestidas de marrón y con pañuelos blancos en la cabeza. Me reciben con mucha atención, me mandan a sentar, me dicen: -espere que su hermano ya viene. Yo no hablaba, esperaba con mucha reverencia. Al rato se aparece un señor con una gran sonrisa, me saluda, su vestidura es una bata color crema que le llega hasta los pies, y está con pantuflas, el sombrero es de la misma vestidura. Se acerca a un ventanal y me dice: -ves aquel pueblecito. Nos fuimos, ahí estaban festejando. Al acercarnos había un precipicio y quedaba apenas un caminito a la orilla de la peña, que si pasaba una ardilla se caía al precipicio. Él me tomó de la mano y pasamos tranquilamente. Al ir llegando al pueblo sacó de su ropaje una jarrita de dos picos, y me dijo: -toma de esta agua que es agua viva. Yo tomé y me hizo la cruz y me bendijo en el nombre del Hijo y del espíritu Santo. Cuando bendijo, y se transformó en una luz blanca como una nube cristalina. Yo me arrodillé y le imploré que me llevara, y me contestó: -tu misión es larga todavía, es estos ríos turbulentos y crecidos, piensa en mí, en tu hermano Simón. Desperté, era un sueño”. (Enrique Antonio Hernández. Mérida. Obra citada).




El sueño de un amigo


“Lo sueño mucho, profesor. Y siempre lo sueño con el mismo sueño. Voy a buscar un pintor para contarle el sueño y me pinte un cuadro. Porque eso es un mensaje que me está mandando Bolívar para toda Venezuela. Pero yo no sé lo que significa. En el sueño Bolívar se me presenta con su uniforme, pero descalzo, tiene un pantalón blanco, y su guerrera, pero no tiene sombrero, sentado en un banco en un túnel, en la mano izquierda sostiene un hueso largo, debe ser un fémur, lo tiene agarrado por un extremo y parado hacia arriba. A su lado hay otro militar, parece Sucre. Están hablando. Bolívar no lo mira. Él mira de frente siempre. Muy derecho. El otro está ladeado mirándole el perfil. No entiendo lo que dicen. Pero hablan. El otro parece rogarle. Encima del túnel hay una cerca y una llanura verdecita. Y allí está el caballo blanco, sin silla, pastando tranquilo. Pero con las patas montadas sobre la cerca está un caballo negro, negrito, todo negro, negrísimo, amenazante. Furioso. Lo veo clarito. El caballo blanco tranquilo y el caballo negro alzado. El viento le alborota la crin. A Bolívar lo veo bien está en la esquina del banco, pero al otro que me parece Sucre, no lo distingo bien. El techo del túnel donde está Bolívar, es como el techo de una iglesia. Y en la parte de arriba no hay camino. Es como si fuera más bien una cueva, pero al fondo se ve la luz de la salida, por eso digo que es un túnel. Y ese sueño lo tengo casi todas las noches. Ya me lo sé completico. Quiero pintar un cuadro”. (Narrado por un viejo amigo, vigilante privado, por allá por el año 2000). Este sueño puede interpretarse como premonitorio del hambre y la desolación que esperaban a Venezuela como expiación de haber dado tanto poder a ese furioso “caballo negro”.

“Ante el Bolívar/Pueblo/ del color de América/ un humilde hijo de su insigne aliento/ con las gastadas manos/ tristes y cansadas de arar en el mar/ clama justicia/ con la mirada absorta/ en el mudo bronce del Bolívar/Héroe. “Por qué si él existiera”/ susurra con voz trémula y doliente/ como en oración/ “su espada de anhelo/ callaría el dolor/ vencería las sombras/ rompería cadenas”. Y en la soledad/ un acongojado llanto secular/ impotente corre/ por las profundas grietas del mestizo rostro/ mutilado por los sufrimientos. Y conmovido el bronce/ del Bolívar símbolo/ inclina la frente con pesar intenso”.

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