domingo, 4 de marzo de 2018

marzo 04, 2018





  Por Rafael Marrón González @RafaelMarronG


Nuestro Libertador fue un hombre extraordinario, y merece nuestra admiración y respeto eterno,  pero fue un hombre  del siglo XIX, cuyas ideas estaban dirigidas a una muy específica realidad, totalmente diferente y hasta antagónica con la portentosa realidad tecnológica y científica de hoy, en el que la mundialización de las comunicaciones ha establecido un nuevo orden global que es imposible ignorar.  Pero por eso mismo, tampoco es procedente pretender juzgar su posición política desde la óptica de nuestra modernidad, porque además de injusto, igualmente lo estaríamos sacando de contexto.  Conocer sus aciertos, errores y contradicciones humaniza su imagen fortalece nuestro respeto y admiración.  No era un dios ni poseía poderes mágicos. Simplemente era un ser humano con debilidades y fortalezas, pero de mentalidad plural,  con la voluntad de ser por el hacer, con la persistencia capaz de transmutar el pensamiento en acción y para quien la utopía era simplemente realidad potencial.

Un gobierno justo para todos

Para Bolívar el gobierno  debía ser ¨...eminentemente popular, eminentemente justo, eminentemente moral, que encadene la opresión, la anarquía y la culpa. Un Gobierno que haga reinar la inocencia, la humanidad y la paz. Un Gobierno que haga triunfar bajo el imperio de leyes inexorables, la igualdad y la libertad¨.

No existe una propuesta económica desarrollista de Bolívar

También se le reclamaría hoy su excesiva preocupación por los fundamentos políticos de la vida de las repúblicas bolivarianas y su escasa visión de los factores económicos. Nunca reconoció que la revolución política debía ir a la par de una revolución económica que permitiera la viabilidad de su proyecto independentista.  Pero esa es la diferencia fundamental entre el romanticismo del siglo XIX y el pragmatismo moderno, y Bolívar, insisto, era íntegramente un hombre del siglo XIX. Aunque en la vida republicana de Venezuela, después de la propuesta bolivariana, única y última propuesta geopolítica en América Latina,   se han suscitado, desde 1831 hasta nuestros días,  dieciséis ¨revoluciones¨ políticas   que no han producido el menor bienestar para su pueblo, sin que sus líderes o caudillos hayan comprendido que la única revolución posible para el progreso por desarrollo de los pueblos es la revolución económica que inserte al pueblo al proceso productivo a través del estudio y el trabajo creativo. 

La política internacional bolivariana

Y en cuanto a las estrategias geopolíticas para lograr insertar el territorio continental correspondiente a la América Meridional como interlocutor válido en el juego de poderes en pugna, Bolívar diseña una Federación de Naciones Hispanoamericanas, con Sur y Centro América, pero bajo la protección de la Gran Bretaña, para  fortalecer el principio de un Continente Americano-español, para enfrentar con éxito a los Estados Unidos y su denominada "Doctrina Monroe", ¨América para los americanos¨, con lo que   la nación del norte inicia un paternalismo expansionista infausto bajo la excusa de ponerle freno a los designios de la Santa Alianza europea (Rusia, Prusia y Austria) y al creciente expansionismo de Inglaterra. Este pensamiento le confiere a Bolívar la categoría de líder mundial en la propuesta de una comunidad de naciones, lo que le fue reconocido en Ginebra en 1918: ¨El Libertador de Sudamérica no puede seguir siendo considerado solo como personalidad americana; se ha convertido en una figura universal, en uno de los fundadores de nuestro mundo¨.

La libertad era su valor fundamental

Para su soberbia concepción del hombre, todo se reducía a una sola premisa: La Libertad (traducida en la administración de la justicia y en el cumplimiento de las leyes ¨...para que el justo y el débil no teman, y el mérito y la virtud sean recompensados¨), y por ella, como el Quijote, estaba dispuesto a dar la vida. Y su preocupación  era precisamente que no supiéramos conceder el valor primordial a esa cualidad del humanismo, y en Angostura expresa: ¿Cómo, después de haber roto todas las trabas de nuestra antigua opresión podemos hacer la obra maravillosa de evitar que los restos de nuestros duros hierros no se cambien en armas liberticidas? Las reliquias de la dominación española permanecerán largo tiempo antes que lleguemos a anonadarlas; el contagio del despotismo ha impregnado nuestra atmósfera, y ni el fuego de la guerra, ni el específico de nuestras saludables leyes han purificado el aire que respiramos. Nuestras manos ya están libres, y todavía nuestros corazones padecen de las dolencias de la servidumbre. El hombre, al perder la libertad, decía Homero, pierde la mitad de su espíritu. Y angustiado, derrotado por su propio pueblo,  filosofaba en su Manifiesto de Carúpano el 7 de septiembre de 1814: ¨No son los hombres vulgares los que pueden calcular el eminente valor del reino de la libertad¨, lo que hoy en Venezuela ha quedado exhaustivamente demostrado.

Lo vigente de su pensamiento político es la democracia

Lo que se mantiene en vigencia de su pensamiento político, además de su ideario hispanoamericanista, su posición republicana, aunque hoy las monarquías que subsisten en el mundo son como Bolívar, símbolos de unidad de sus pueblos, y su defensa a la  libre determinación de los pueblos; es su clara concepción de la democracia basada en cuatro derechos fundamentales e inalienables, enunciados en Angostura: ¨La libertad, la seguridad, la propiedad y la igualdad. La felicidad general consiste en el perfecto goce de esos derechos¨.  Dentro de este ideario republicano, civilista y democrático Bolívar preconizaba la  libertad civil y de expresión; libertad de conciencia y de religión, (es decir respeto a las diferencias culturales y religiosas); abolición de los privilegios; proscripción de la esclavitud; igualdad ante las leyes o igualdad civil sin igualitarismo (cada cual según sus capacidades); educación gratuita y obligatoria como  prioridad del gobierno (¨...la educación e instrucción pública son el principio más seguro de la felicidad general y la más sólida base de la libertad de los pueblos¨);  respeto a la propiedad privada,  Fuerzas Armadas subordinadas al poder civil y circunscritas exclusivamente  a la defensa territorial; soberanía del pueblo (aunque presenta una contradicción con su restricción del voto); separación de la Iglesia y el Estado; división de los poderes públicos (“Huid del país donde uno solo ejerza los poderes, es un  país de esclavos¨), constituidos por un poder legislativo independiente, un  poder judicial seleccionado por el pueblo (aunque aprobado por el poder legislativo), un  poder electoral (que elevaría a cuatro los poderes tradicionales).

Unidad, unidad, o la anarquía os devorará

Para el armónico desarrollo político de la nación la unidad era su consigna. Por eso la inmensa diferencia entre el bolivarianismo histórico que une al pueblo venezolano en torno a sus lealtades comunes, y el bolivarianismo político que lo divide en subalternas facciones irreconciliables. No se puede olvidar que Bolívar murió con esta oración en los labios: ¨Sí mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la unión yo bajaré tranquilo al sepulcro¨. Esta última frase debe ser asimilada por los líderes políticos de oposición en esta hora tan crucial para la patria.



Síntesis del programa político de Bolívar que no nos gusta
1- Centralismo. 2 - Presidencia vitalicia con derecho a nombrar sucesor. 3- Vicepresidencia vitalicia y hereditaria. 4- Poder ejecutivo fuerte (en detrimento de los demás poderes). 5- Poder moral censor. 6- Elecciones limitadas 7- Senado vitalicio y hereditario.  





“He arado en el mar” (cámbiese “América” por Venezuela)
“… yo he mandado 20 años y de ellos no he sacado más que pocos resultados ciertos: 1ª La América es ingobernable para nosotros; 2ª El que sigue una revolución ara en el mar; 3ª La única cosa que se puede hacer en América es emigrar; 4ª Este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada, para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles, de todos colores y razas; 5ª Devorados por todos los crímenes y extinguidos por la ferocidad, los europeos no se dignarán conquistarnos; 6ª Si fuera posible que una parte del mundo volviera al caos primitivo, este sería el último período de la América".
A Juan José Flores, Barranquilla 9 de noviembre de 1830

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