domingo, 4 de marzo de 2018

marzo 04, 2018


Por: Leonardo Morales P. @LeoMoralesP /


La MUD fue una plataforma unitaria en la que se agruparon una serie de partidos opositores. Sus logros son inocultables: se alcanzó la unidad electoral que permitió obtener una bancada parlamentaria importante y luego en 2015 se obtuvieron las dos terceras partes de la Asamblea Nacional; pudo, además, acompañar en dos ocasiones a un candidato unitario a la presidencia. En su última oportunidad su candidato, Henrique Capriles, perdió por escaso margen frente a Maduro.

Dos ciudadanos, de extraordinaria cualidades políticas, Ramón Guillermo Aveledo y luego Chuo Torrealba, lograron hacer de esa alianza una estructura electoral exitosa, sin embargo, ambos dejaron sus responsabilidades sin que se explicara al país las razones para salir de dos “operadores políticos” cuyos logros son inocultables

La resaca que produjera el éxito parlamentario del 2015, condujo a una primera fisura: elegir al primer presidente de una AN de mayoría opositora, la sustitución de Chuo Torrealba por una suerte de voceros de los partidos integrantes de la MUD y de una nueva estructura de la plataforma opositora.

Los cambios, a la luz de los últimos resultados, son elocuentes. Todas las iniciativas adelantadas fracasaron: privilegiar el revocatorio sobre las elecciones regionales, pronosticar la imposibilidad de una ANC que luego se instaló, se anunció un éxito en las elecciones regionales para luego ganar solo 5 gobernaciones y seguidamente abandonar la participación en las elecciones municipales.

En lo que va desde el éxito electoral en 2015 hasta la fecha solo se han acumulado fracasos, desesperanza, escepticismo y hasta luto. Es lo único que ha recibido la sociedad venezolana a causa de una política nefasta.

En política como en toda actividad humana las posibilidades de equivocarse son normales. La MUD acertó y mucho con Aveledo y con Chuo y, sin embargo, se les destituyó. Ahora, la actual conducción fracasa estrepitosamente y ni siquiera se dan por aludidos y cuidado si suponen que han hecho una faena de antología.

Lo saludable, la lógica, era hacerse a un lado y buscar a Chuo o Aveledo, tal vez a otro, para recoger el reguero de fracasos y enderezar el rumbo, pero no, allí siguen, acentuando la desconfianza que sobre ellos pesa e impidiendo la posibilidad del cambio político que exige el país.




La solución anunciada, como si se tratara de cambiar de fachada, es denominarse Frente Amplio. Exactamente la copia que los marxistas, comunistas y socialistas uruguayos inventaron en la década de los 70. Antes, en tiempos de la Coordinadora Democrática, la culpa se la echaron a la excesiva influencia que ejercieron los jefes de los medios de comunicación -evito nombrarlos- ahora, en ausencia de éstos tendrán como validadores de la política a Fedecámaras, la Conferencia Episcopal y la Asociación de Rectores y algunos otros.

La génesis del modelo uruguayo en Venezuela, su copia, arranca con mal pie. El Frente Amplio que surgirá de la MUD, su nueva metamorfosis, inicia su andar repudiando y excluyendo a Avanzada Progresista y a su candidato, Henri Falcón, por no atender a las sugerencias de quienes a sabiendas de que deben participar en estas elecciones presidenciales, se entregan al griterío de las tribunas. Más que un Frente Amplio luce un Frente Estrecho, excluyente y sectario.

La política y el liderazgo deben ejercerla quienes deben, los que a eso se dedican. Bastantes lamentos se oyeron cuando finalizó la era de la Coordinadora Democrática por la intromisión e imposición de una suerte de poderes fácticos. No se ha inaugurado la mutación que observará la MUD, cuando ya se quejan de lo mismo. Hace pocos días la comunicadora social, Mari Montes, colocó un tuit muy apropiado para el momento: “Si escuchas lo que dicen los fanáticos desde la tribuna, muy pronto estarás en la tribuna con ellos”: Tom LaSorda

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