martes, 27 de marzo de 2018

marzo 27, 2018




Enrique Meléndez /   

El economista Víctor Álvarez dijo que nuestro “tejido industrial” no solo ha perdido más de diez mil industrias, sino que además el parque existente está trabajando a un 40% de su capacidad instalada, como mucho.

La afirmación la hizo durante un foro organizado el pasado jueves el Instituto Venezolano de Investigaciones Sociales en el que presentó doce propuestas (de un grupo de economistas) para apoyar la reactivación del aparato industrial y, en última instancia, la regeneración del tejido industrial del país.

“Tenemos una densidad industrial muy baja con respecto al resto de los países de la América Latina. No llegamos ni siquiera a un establecimiento industrial por cada mil habitantes; que sería menos que Colombia”.

Citó datos de Conindustria que habla de la existencia de unas 3 mil 800 industrias; de las cuales 3 mil 200 pertenecen al sector privado y 600 son propiedad del Estado, y que están operando al 40% de su capacidad instalada; dándose casos como el de la industria de partes y piezas automotrices que está trabajando al 20% de su capacidad; mientras las ensambladoras están en cero.

“En el año 1999 teníamos 14 mil establecimientos industriales, hoy quedan apenas 3 mil 800, y eso que están trabajando a media capacidad instalada; de modo que eso nos sugiere un primer objetivo de la política industrial: la reactivación de lo que ya está hecho”.





De acuerdo a Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial, país ha alcanzado su grado de industrialización cuando su sector manufacturero aporta el 20% del Producto Interno Bruto. En la década de 1990 Venezuela llegó a tener una participación de 17,8%.

Hoy en día, agregó el también Premio Nacional de Ciencias, la industria manufacturera ha caído a13%; un nivel similar al que vivió Venezuela en la década de 1950 previo a la política de sustitución de importaciones.

Para Álvarez, los principales problemas que confrontan las empresas industriales son: falta de proveedores en materia prima; falta de divisas; incertidumbre política; controles de precio; racionamiento eléctrico; baja demanda; falta de proveedores de maquinarias y equipos; obsolescencia; falta de financiamiento; falta de mano de obra calificada; conflictos laborales; acceso a la exportación; competencia desleal de productos importados.

“Aquí hay una agenda de problemas a los que ay que darle respuesta”, agregó.

Para Álvarez, lo primero que hay que propiciar es la creación de nuevas condiciones macroeconómicas; resolver los principales desequilibrios; poner en marcha una política, que dé señales de mejoría y de progreso; así como toca simultáneamente abordar el tema de la reactivación de la producción.

Se preguntó que cuál debería ser el precio del dólar en caso de que no se haya adoptado una dolarización, así como una caja de conversión; y se haya mantenido el bolívar. Respondió que esa tasa de cambio de equilibrio debe estar fijada de modo que exprese la verdadera productividad económica; la “verdadera” competividad del aparato productivo, y, particularmente, de la industria, y que, preferiblemente, sea subvaluada, de modo que los exportadores no petroleros puedan ofrecer sus dólares en el Dicom.

“El otro tema importante es el de la fijación de precios. En un proceso que estimula la inversión extranjera, la inversión nacional, la repatriación de capitales, la reactivación del aparato productivo nacional; la tendencia entonces es que aumente la oferta de bienes y servicios. Entonces, ese mismo proceso va a ir abatiendo las presiones inflacionarias, y, en la medida en que sean muchas las empresas que compitan, será en ese proceso donde se irán ajustando los precios”.

De modo que, a su juicio, no harán falta rígidos controles de precios que obligan a las empresas a vender por debajo del costo de su producción.

También reportó datos de las Naciones Unidas que indican que Venezuela es la peor economía de la América Latina para el emprendimiento; que figura de último, además, en materia de estado de derecho; y que en materia de competitividad se revela que nuestro país tiene el peor marco institucional entre 144 países estudiados.

“Hay leyes y penas que se aplican sumariamente. La Ley Orgánica de Precios Justos, por ejemplo, da para que los fiscales lleguen pateando puertas; confiscando la mercancía; metiendo preso al gerente, a los accionistas; sin derecho a la defensa. Ese es el tipo de cosa que hay que corregir, sino el clima de terror que hay en Venezuela corre a cualquier agente económico. ¿Qué nuevas empresas se pueden crear si eso no se resuelve?”.



Concluyó que sin un marco legal ni un entorno internacional que proteja la inversión y los derechos de propiedad será muy difícil lograr ese otro objetivo de reindustrialización; que es la multiplicación del número de establecimientos industriales por cada mil habitante, y a continuación pasó a detallar un conjunto de leyes que, a su modo de ver, hay que entrarle en los tres primeros meses de gobierno en plan de reforma o de derogación.

Habló de la Ley del Banco Central de Venezuela; de la Ley de Ilícitos Cambiarios; la Ley de Precios Justos, la del INCES; la Ley Orgánica de Ciencia y Tecnología; la Ley de Impuesto Sobre la Renta; la Ley Antimonopolio; la Ley Antidoping; la Ley de Concesiones; la Ley de Inversiones; la Ley del Mercado de Capitales.

“Cada una de estas leyes está asociada a una institución. Son instituciones viejas, obsoletas; atiborradas de una nómina absolutamente, burocratizada; sin sistemas de información, y habrá que entonces comenzar también esas instituciones para crear ese ambiente mucho más propicio a la actividad productiva”,

Dijo que aquí se planteaban tres grandes objetivos: reactivar la industria existente; impulsar la reconversión industrial, la modernización del parque industrial; e ir a la reindustrialización, la regeneración del tejido industrial del país.

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