lunes, 27 de agosto de 2018

agosto 27, 2018



Por Paciano Padrón /

En este ya largo, larguísimo tránsito que casi cumple 20 años, hemos tenido, como es lógico en los procesos sociales y políticos, tiempos de fuerza, esperanza y disposición al logro, así como períodos de frustración y desaliento, que son los que aprovecha el régimen para avanzar y afianzarse. Su objetivo será siempre matar la esperanza, que equivale a no tener oposición y actuar como le venga en gana. El paquetazo del pasado viernes 17, el madurazo, fue el puntillazo con el cual pretendió el régimen acabar cualquier vestigio de democracia, de empresa privada e iniciativa ciudadana. Afortunadamente, el paquetazo hizo reaccionar al pueblo. Con satisfacción vemos renacer la esperanza,  no estamos muertos, hay ganas de salvar a Venezuela y disposición de impedir que los delincuentes que han asaltado el poder, cesen en el atraco.

Hemos escuchado decir, “lo malo que está, es lo bueno que está”, dando a entender que la situación tan tremendamente mala, tiene de bueno que puede desencadenar la esperada y noble reacción, la lucha sostenida y bien orientada, bajo signos de unidad nacional, que nos reencuentre en el propósito de ponerle fin a la dictadura.

Lo hemos dicho y bien vale la pena puntualizarlo nuevamente. Para ponerle punto final a la pesadilla es necesaria la protesta popular, la lucha de la gente en todos los terrenos, con unidad de criterio y acción, y con una sola voz de mando. Pero hay más, para sacar a los invasores, a quienes han tomado a Venezuela como tierra propia con oficiales y soldados de otros países ejerciendo hoy poder en nuestro territorio, Cuba, Irán, Rusia y Bielorrusia, el narcotráfico internacional, la guerrilla colombiana y el terrorismo, requerimos de la ayuda humanitaria de países hermanos. Pueblo en combate y ayuda internacional llevarán a la cárcel a quienes nos han hambreado y ya han empujado a la diáspora a más de tres millones de los nuestros.

El madurazo es un cúmulo de medidas alocadas, incoherentes y contradictorias, que no tienen parangón en nuestra historia política. Todo es una locura, un despropósito indescriptible, que podría llevar la inflación anual a 10 millones por ciento. El aumento salarial de algo más de cinco millones a 180 millones de bolívares fuertes, es algo que tiene un solo propósito, que el Estado le ponga las manos a las empresas, es una estatización que el paquetazo no disimula, cuando el régimen ofrece a las empresas subsidiarlas por 90 días en el pago salarial que ellas no puedan hacer. ¿Y qué viene después, si no es la expropiación?

Maduro admitió que un dólar equivale a seis millones de bolívares fuertes, que es exactamente el valor de cambio que Dólar Today y otros medidores del valor del bolívar habían establecido, mientras el gobierno decía que eso era mentira, que era distorsión informativa de la guerra económica. El paquetazo establece el salario mínimo en el equivalente a 30 dólares mensuales, es decir, un dólar por día. Recuérdese que Naciones Unidas define a una sociedad en pobreza extrema, cuando sus ciudadanos ganan un dólar por día o menos.

El paquetazo ancla el bolívar soberano en el Petro, que es una moneda de fantasía, inexistente en el mercado real, pero que hace muy poco soberano al bolívar soberano, ya que el Petro fluctúa, es decir sube y baja sin soberanía en proporción al valor del petróleo, que como se sabe es un bien fluctuante. Ya van ocho ceros menos en la moneda y el hambre no cesa.

Lo ya dicho, lo mejor de esta tragedia llamada madurazo es la reacción del pueblo, es la indignación de la gente, su voluntad de pararse y manifestar, a expresar de distintas maneras su disposición a no seguir calándosela, a ponerle punto final al asalto del que hemos sido víctimas. Retomemos la democracia, reganemos la libertad. E-Mail: pacianopadron@gmail.com. Twitter: @padronpaciano.

Abogado UCV, Doctor en Derecho (La Sorbona, París)
Profesor universitario, autor del “Manual del Orador”


0 comentarios:

Publicar un comentario