sábado, 30 de noviembre de 2019

noviembre 30, 2019

Williams Caballero López /


Nicolás Maduro y Vladimir Padrino López han tenido la desfachatez de pedir respeto a los Derechos Humanos en torno a las protestas que se han vivido en Chile, Ecuador, Bolivia y Colombia. Ellos se han atrevido a enviar mensajes de “fuerza y resistencia” a ciudadanos de aquellas naciones, mientras que acá amenazan, reprimen y atacan a quienes se manifiestan cívicamente en las calles del país.

Ellos condenan las acciones militares de los gobiernos de Iván Duque en Colombia, Sebastián Piñera en Chile, de Jeanine Áñez en Bolivia, pero tratan de intimidar con cárcel y bayonetas a los venezolanos que acaten el llamado a movilización efectuado por el presidente Juan Guaidó.

El régimen de Maduro, de acuerdo con el balance del Foro Penal, ya suma 397 presos políticos, y decenas de víctimas de la represión que se ha ordenado en contra de las manifestaciones opositoras, las cuales han sido siempre cívicas, democráticas y constitucionales.

Maduro aplaude cuando los bolivianos afectos a Evo Morales salen a las calles, pero criticó cuando los bolivianos manifestaron contra el fraude electoral que su contertulio comunista perpetró. Maduro festeja que la izquierda radical en Colombia destruya en seres públicos, grite de emoción cuando el Partido Comunista de Chile avala la destrucción del subterráneo de Santiago, capital de la nación chilena.

La doble moral es total. Para Maduro cuando la protestas son contra un gobierno democrático y de corte totalmente opuesto a su ideología, entonces son positivas, gracias que se deben apoyar, financiar y auspiciar, sin embargo cuando los ciudadanos salen a las calles a criticar contra sus amigotes del Foro de Sao Paulo y de él mismo, entonces son golpistas, terroristas y desadaptados.

Los usurpadores del poder en el país se ven en un espejo curioso, donde sólo se reflejan a sí mismos en supuestas virtudes y observan puras maquinaciones malvadas de aquellos que no piensan como ellos. Para Maduro todo lo que sea socialista a su usanza es bueno, y todo aquello que hable de libertades, desarrollo económico, paz y respeto es el enemigo.

Ellos están plenamente cohesionados. Nicolás Maduro, Rafael Correa, Evo Morales, Cristina Fernández, Alberto Fernández, Andrés Manuel López Obrador, Gustavo Petro, todos son parte de una misma jauría que pretenden devorarse la institucionalidad de América Latina y esclavizar a nuestros pueblos.

Es debido a esto que es necesario que los demócratas del continente, que todos los movimientos que crean en la democracia real y sin ataduras, nos unamos en un frente común. Ya sean socialdemócratas, socialcristianos, liberales, conservadores, como se quieran llamar, los demócratas no podemos permitir que los intolerantes, en nombre de una supuesta revolución, aniquilen a todos nuestros países.

Frente al reflejo del espejo totalitario, debemos contraponer los ideales de libertad, desarrollo y justicia, todos unidos como un solo cuerpo democrático que no entienda de fronteras.

@wcaballerolopez