sábado, 30 de noviembre de 2019

noviembre 30, 2019
Oscar Arnal /

En Venezuela se violan de manera sistemática la Constitución y los Tratados internacionales de Derechos Humanos. El informe Bachelet de la ONU lo ratificó. El Estado de Derecho no existe. No hay alternancia, ni independencia de poderes. Al parlamento le vaciaron sus competencias y le castraron sus poderes de control y legislación. Sin fiscalización del Congreso se les hizo más fácil saquear a Pdvsa, que bajó su producción en unos 3 millones de barriles. Así mismo, coartaron la soberanía popular. La prueba más elocuente fue la cancelación del referendo revocatorio de mitad de periodo. El Ejecutivo, bajo en popularidad, si se aplicaba la Constitución iba a ser destituido y sin embargo el TSJ evitó que el pueblo votara. Antes el propio Chávez que había perdido la reforma constitucional y la posibilidad de reelegirse de manera indefinida, a pesar de ser derrotado y de que la Constitución establece que solo se puede consultar una vez, volvió a hacerlo, ahora bajo la figura de la enmienda.

Hace un año cuando tenían que celebrarse elecciones presidenciales, se insistió en mantener inhabilitados a los principales candidatos y junto a ellos a los partidos más importantes. Además, se hicieron unas elecciones con quienes quedaban, con unos ventajismos inaceptables, a tal punto que se impugnó todo el proceso: cadenas, puntos rojos, oferta de bonos con compra de votos, etc…

Ahora el régimen pretende volver al mismo esquema. No negociar con los factores mayoritarios, pero sí con quienes les conviene que participen, para legitimar unas elecciones parlamentarias y no presidenciales. La oposición no puede cometer el error de dividirse, que es a lo que juega el desgobierno. La unión haría posible una gran victoria. Pactar condiciones y garantías para que se respeten derechos fundamentales es legítimo. Bolívar y Pablo Morillo un año antes de la batalla de Carabobo negociaron para acabar con “La guerra a muerte”. Mientras tanto, los militares siguen siendo el fiel de la balanza, en la historia latinoamericana han actuado cuando sienten que un modelo se agotó, se viola la constitución, llega un líder que les dice más, reina la anarquía o no llegan con su salario a fin de mes. La situación es insostenible. La cuerda revienta por lo más delgado. Cifras del FMI pronostican una hiperinflación del 500 mil por ciento para el 2020. Las explosiones sociales de Chile, Bolivia, Ecuador, Haití y Colombia están a la vuelta de la esquina. Cuando por menos, se ven las barbas del vecino arder, es hora del cambio.

@OscarArnal