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sábado, 21 de octubre de 2017

Dar a Dios lo que es de Dios (Mt.22, 15-21)






Pbro. Lic. Joel de J. Núñez F. | @padrejoel95 /  

El texto del evangelio de este domingo nos presenta a Jesús que escucha la pregunta que los discípulos de los fariseos y los herodianos le hacen para tenderle una trampa y tener argumentos para condenarlo como blasfemo o como enemigo de Roma. Estos personajes se acercan a Jesús con doblez de vida, con mala intención; con actitud hipócrita, como al final el Señor los acusa y les hace ver su maldad. La pregunta es ¿Hay que pagar el tributo al César o no? Recordemos que Israel estaba ocupada por el poder del imperio romano y el César era considerado un dios y esto ofendía la fe del pueblo judío, pero estaban obligados a aceptarlo porque estaban sometidos a una tiranía extranjera. Los jefes religiosos del tiempo de Jesús que querían mantener la cuota de poder que tenían y viendo que Jesús ganaba en popularidad y sintiendo una amenaza en su persona, buscaban la forma de "sacarlo del camino" y muchas veces le hacían preguntas con mala intención, como la que hoy narra el evangelio. Jesús, que como Dios verdadero conoce el corazón del hombre, descubre y comprende que aquellos hombres se acercan a él con hipocresía, con falsedad y no les responde directamente a su pregunta que va cargada de maldad y por eso le pide que le muestren una moneda y les hace una pregunta ¿De quién es la imagen y la inscripción? y respondieron que era del César y Jesús les dijo: "Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios". Con esto se fueron abochornados y sorprendidos por la respuesta de Jesús.
La trampa de los fariseos y los herodianos era clara: Si Jesús decía que sí había que pagar tributo al César lo iban a considerar enemigo del pueblo judío, traidor a sus paisanos y se decía que no, lo acusarían de revolucionario político y enemigo del imperio romano. La respuesta de Jesús pone en un justo equilibrio o frontera el poder de Dios y el poder del hombre; el poder omnipotente y espiritual de Dios Padre y el poder temporal, pasajero y efímero del hombre. La soberanía de Dios sobre todas las cosas y el poder limitado del hombre que en algún momento se extralimita y pretende ser dios o se vuelve tirano o somete a los pueblos.
La clave del evnagelio de hoy está en el "dar" a Dios lo que es de Dios, lo que podemos entender de dos formas: 1. Recordar lo que nos dice el primer mandamiento de la ley de Dios: Amar a Dios sobre todas las cosas. Dice Deuteronomio 6 que hay que amarlo con toda la mente, con todo el corazón, con todo el ser. El cristiano sabe que depende y está llamado a vivir del amor de Dios que llena y colma todas las expectativas del corazón humano. La primacía, el primer lugar en el corazón y la vida del cristiano no debe ser ideología, ni persona ni cosa alguna, sino sólo Dios y su amor. 2. El cristiano que sabe que Dios es amor y recibe de Él muchos dones y bendiciones; que descubre que Dios mismo se le ha donado en Cristo Jesús, que con su muerte pagó el rescate por nuestros pecados; está llamado a dar también a Dios, que significa corresponder también a su amor de Padre, hay vivir bajo su voluntad, a dejarse guiar y trasformar por su palabra, a ser instrumento de bien en medio del mundo. Casi siempre pedimos y buscamos de Dios muchas cosas, le suplicamos a diario y hacemos bien, porque Jesús nos dijo que pidan y se le dará, pero nos olvidamos algunas veces de dar y corresponder al amor de Dios que siempre es fiel con mostros.


IDA Y RETORNO: En medio de las dificultades no hay que desesperarse. Coloca tu confianza en Dios, refúgiate en Él y encontrarás la paz y el amor que necesitas. Mira las cosas con las cuales Él te ha bendecido y con todo eso sigue adelante. Dios es fiel y no se muda.